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Por: Gutiérrez Salegui

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Etiquetas: acoso

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Categorías: Acoso

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27 de octubre de 2019

La relación de A. con un profesor es un ejemplo “de manual” de uno de los males de nuestro tiempo: el acoso psicológico en el trabajo

«Estoy coladísimo por ti». «Espero que me perdones todos los maltratos». «No creo que mañana sea capaz de mirarte a la cara». «Tendrás ganas de darme un puñetazo por lo cabrón que he sido contigo». «Si quieres me perdonas o me das un puñetazo en la cara, cualquier cosa me parecerá bien». «Si te veo sufrir me muero». «Te doy las llaves de mi casa». «Te va a pasar algo que te va a retorcer de dolor». «Llevo 23 años esperando a la mujer de mi vida». «Estoy delante de tu portal, sólo te pido 5 minutos».

El último día que A. estuvo bajo la autoridad de su jefe en la Universidad Complutense (Madrid), el 29 de marzo de este año, la mujer, ya medicada a diario, aterrada sólo con la perspectiva de salir de casa, anulada psicológicamente y recién separada de su pareja -como suele suceder a las víctimas de estas situaciones-, escribió lo siguiente para sí misma.

«Ese día, aunque intento escaquearme, él tiene mucho interés en que hablemos porque dice que en 10 minutos me va a quitar mi estado depresivo. Me dice que el día que me trajo la caja de guantes y yo le di las gracias, le gustó mucho cómo se las di. Que cuando se fue a casa, en la cama, se dio cuenta de que estaba coladísimo por mí. Babeaba por la comisura de los labios, me daba un asco tremendo. Cuando llegué a casa no sabía cómo reaccionar, estaba muda, muerta de miedo, impotencia, temblor de saber que el lunes tenía que verle. Ya no he vuelto».

Finalizaba ahí el «tormento» de dos años sufrido por A., trabajadora de la facultad de Medicina de la Complutense y víctima de acoso, según el meticuloso informe de 67 páginas y una decena de entrevistas emitido el 29 de julio por la Unidad de Igualdad del centro, a cuyo contenido ha tenido acceso Papel.

Está obsesionado con ella porque es una chica muy mona

UN ORDENANZA A LA UNIDAD DE IGUALDAD

El órgano recomendaba sancionar al docente, Laureano Lorente, profesor de Cirugía, pero la Complutense se ha limitado a dar traslado de los hechos a la Fiscalía de Madrid y a remover a otro lugar a la trabajadora, pese a que el presunto acosador admitió el maltrato en los mensajes entre ambos y que en sus maniobras en torno a ella, aparentemente atormentado por acosarla -en la clásica estrategia de palo y zanahoria-, le llegó a enviar una Guía sobre el acoso en el trabajo para que ella se defendiera de él. Lorente sigue en su puesto de trabajo y niega la mayor: sostiene que simplemente es muy exigente con su forma de trabajar, que en realidad trataba de motivar a su subordinada.

«Está obsesionado con ella porque es una chica muy mona, muy vistosa», declaró a la Unidad de Igualdad un ordenanza. «Es un lobo con piel de cordero», dijo una ex trabajadora. «A mí me ha dado dentera con las estudiantes, está con las chicas que se le cae la baba, el tío asqueroso», manifestó una mujer de la limpieza.

Todo ello consta en el meticuloso informe, en realidad un perfecto manual de cómo acosar en el ámbito laboral. ¿Qué sucede dentro de la mente de una mujer acosada? Ésta es la historia de A. y el profesor Laureano Lorente, tal y como la recogió la Unidad de Igualdad de la Complu.

A. se incorpora a su nuevo trabajo, como interina, en febrero de 2017. De entrada, Lorente, que lleva de manera totalmente personalista su «cortijo», le dice que no hable con nadie: «Podrían pensar que entre nosotros hay un lío».

A. va a ser la única ayudante del profesor con los materiales del Aula, y esa suerte de vasallaje, en un ambiente muy cerrado pronto deviene en lo claustrofóbico: se acostumbra a desayunar en los vestuarios para no desairar al profesor.

Primer aviso: coincide apenas unas semanas con otra trabajadora que lleva haciendo años su mismo trabajo y observa cómo el profesor ni siquiera se dirige a ella.

La mujer, que vuelve de una baja por depresión y se toma «una pastilla» cada día antes de trabajar, no soporta una nueva bronca de Lorente: se coge otra baja -personal de la Complutense admitirá luego que varias trabajadoras anteriores han pedido traslados por «sentirse incómodas con él»- y termina declarando más tarde a la Unidad de Igualdad, respecto de A.: «Me hizo la vida imposible porque quería quedarse a solas con ella».

Un mes después, A. ya está en el exacto molde de su ex compañera: es a ella a quien Lorente no habla, a quien inflige el llamado maltrato de hielo, que consiste en bañarla en silencio. Es ella la que se toma «un lorazepam» antes de fichar. El trayecto hacia la anulación ha comenzado.

Pone el contexto la psicóloga forense Ana Gutiérrez Salegui, para la que el caso de la Complutense es «de libro, de manual»: «La primera reacción es siempre de desorientación, la víctima no sabe qué pasa. Luego viene la incredulidad, se niega a creerlo. Tras esto llega la evitación, tratar de rehuir el contacto, y también el cambio de imagen: la mujer intenta desprenderse de aquello que cree que genera el problema: su atractivo físico. En esta fase, también, la indefensión de la víctima queda aprendida: sabe que no hay solución. El acosador se muestra arrepentido, le hace ver que la culpa ha sido de ella, que ha hecho las cosas mal, o simplemente se victimiza él… Pero es sólo una estrategia para volver a la carga».

En diciembre, meses después, mediante un whatsapp, el profesor le pide a A. perdón por sus «malas caras», que atribuye a «la tensión», la loa con un «no hay trabajadora que haya trabajado más en el aula», y remata: «Cuando crea que no me porto de manera correcta, dígamelo o ignóreme».

Esos mismos días él vuelve a las andadas y ella, cumpliendo con lo que Lorente le ha pedido, le echa en cara esa bipolaridad. «La verdad es que no creo que sea capaz de mirarla a la cara mañana. Espero que alguna vez me perdone todos los maltratos», le escribe de nuevo Lorente, supuestamente arrepentido.

«Aquí ya empiezan los mensajes raros», le dice A. a la perito de Igualdad. Comienza la cascada de correos de su jefe, en plenas vacaciones, porque «me reconcome esperar a enero para decírtelo», escribe él. En uno de ellos, Lorente «refiere de nuevo la vergüenza por el maltrato ejercido», le adjunta una Guía del acoso en el trabajo, «por si quiere denunciarle», y le dice que, «en caso contrario, en enero empezamos desde cero». A. comienza a «preocuparse por el tono íntimo, con referencias familiares, a supuestas persecuciones institucionales o temas íntimos de terceras personas».

Lorente, en definitiva, comienza a cruzar líneas rojas hacia la persona, no ya hacia la trabajadora. La insinuación sexual también se dibuja. El profesor, pretendidamente atormentado, le cuenta de forma confusa que en el pasado ayudó a «una amiga» que «sufría malos tratos» y que ella «empezó a quitarse el traje de baño» y que él vio que «tenía hematomas en el pecho y las caderas». Le escribe a A.: «Doce años después, yo me he convertido en esa persona que odié tanto, que maltrató físicamente a mi amiga. Y aunque yo no te he pegado físicamente, muchas veces los maltratos psicológicos son mil veces peores». De nuevo, la victimización: «Ahora que sabes mejor lo que realmente ha pasado, si quieres me perdonas, me ignoras o simplemente me das un puñetazo en la cara, lo que hagas me parecerá bien, aunque sólo sea por lo que te he ofendido durante estos meses».

El día de vuelta de vacaciones, él no aparece. Dice que «va a intentar recuperarse, y que si no se da de baja y busca tratamiento». Ella le contesta que no quiere líos, sólo «trabajar siete horas y volver a casa». Él, que de pronto se empeña en que le trate de tú y no de usted, la obliga a hacer con él cada mañana unas charlas, tête à tête, que llama «sesiones de comunicación entre los dos». «A mí se me ponían los pelos como escarpias», declara luego A. a la perito. «La tensión de la mandíbula, ya no sabía cómo apretar los dientes, pero me vi obligada a hacerlo. Sentía gran autoridad sobre mí. Todos los días, a las 7, cuando llegaba, estaba esperándome para tener la sesión de comunicación».

«Él cerraba la puerta del aula y a mí me sudaban las manos, las axilas y todo» en sesiones que «a veces se alargaban más de una hora», y en las que al final «quien hablaba ese día le hacía una pregunta al otro para ver si le había escuchado». En la primera sesión él le habla de «un club nocturno al que van chicos jóvenes».

¡Sé que estás sufriendo, y si te veo sufrir, me muero!

LAUREANO LORENTE, PROFESOR DE LA COMPLUTENSE

Él cuelga de pronto en su armario, para que ella lo vea, una foto plastificada de una imagen que ella había subido previamente a las redes sociales de Laura Luelmo (la joven violada y asesinada en Huelva en diciembre pasado), sustituyendo el No es no por la frase Si me quieres, por qué me maltratas. A. escribe entonces: «Llevo unos días que apenas me arreglo, el simple hecho de que él me pueda ver atractiva me da asco. En cuanto llego por las mañanas al vestuario me quito la barra de labios». Ella sólo quiere desaparecer. Cuenta después: «Aunque trabajaba de espaldas a él, sentía sus ojos clavados en mí».

Ella le habla todo el rato de «mi pareja, mi pareja» como «estrategia de evitación», dice la perito. El 24 de enero pasado, él le dice, según ella refleja en su diario: «¡Sé que estás sufriendo, y si te veo sufrir, me muero! He pensado en un familiar médico, por si quieres coger tres meses de baja. Te doy dinero si lo necesitas, pídeme lo que sea: 300, 500, 1.200 euros… Nunca te pediré que me lo devuelvas. Si necesitas hablar con alguien puedes llamarme a cualquier hora de la noche, si son las dos como si son las tres, como si me pides que vaya a por un caramelo a Cuenca. Me moriría si te veo sufrir. Te voy a dar las llaves de mi casa, vas allí, escuchas música y te relajas…».

«Era como si él estuviera dentro de mi vida y la estuviera manejando», dice ella luego. A finales de febrero ella coge un día libre; él le escribe 10 whatsapps a las 5.30 de la madrugada diciéndole que no tiene por qué volver al día siguiente, que ya encontrará a alguien que fiche por ella. Ella desinstala Whatsapp.

El 21 de marzo, según escribe ella en su diario, él le dice «que me va a pasar algo que me va a retorcer de dolor. Luego veo que en el ordenador pone Génesis 22 y habla de que Dios ordena matar al hijo de Abraham, que él mismo lo mate porque lo ama muchísimo. Me cago y digo: ¿pero este hombre de qué va?».

Pocos días después, en una escalada insólita, Lorente le dice a A., «entre lágrimas», que «lleva esperando a la mujer de su vida 23 años». El 29 de marzo «me dijo que el día que puse una foto en mi perfil besándose con mi pareja se le revolvieron las tripas».

Es el último día de A. en su trabajo. Se coge una baja y no regresa. Dos meses y medio después, él vuelve a escribirle: «No puedes hacerte un idea hasta qué punto estoy preocupado por ti. Por favor, dime algo». Ante el silencio de ella, pocos días después, un sábado, se planta en su casa. Le escribe: «Estoy delante del portal de tu casa. Sólo quiero hablar contigo cinco minutos. No vas a estar peor por perder ese tiempo conmigo, pero quizás te sirvan para algo. Sólo te pido 5 minutos, no tienes que decir nada, ni hace falta que te cambies». Baja el hijo de A., que le pregunta a Lorente, a quien la mujer nunca comunicó dónde vive, qué demonios hace allí: «Tu madre puede perder su trabajo, a mí no me queda mucho de vida», se sale el profesor por la tangente.

El chaval sube y aún el profesor se queda merodeando por el portal «al menos una hora». A. denuncia pocos días después ante Igualdad. Aporta un dictamen médico que acredita sus padecimientos psíquicos. Tiene ganas de llorar «todo el rato». Su vida afectiva y personal ha quedado arrasada, con datos que este diario no puede revelar para preservar su intimidad. La noche del sábado en que él fue a su casa, ella, medicada y «horrorizada», tiene la tentación de «quitarse de enmedio».

La Unidad de Igualdad interroga al profesor. Lorente alega que sólo quería ayudarla porque «está muy deprimida». Que fue a su casa porque «estaba cerca» y «se me cruzaron los cables». Admite que le dijo que le parecía guapa: «Me parece una chica guapa y se lo comenté». ¿Le dio las llaves de su casa? «Sí, para ayudarla».

La psicóloga describe cómo Lorente se niega a admitir que la trabajadora no quiere más contacto con él que el estrictamente laboral. Narra incluso cómo el profesor intenta actuar con ella como con A. «En determinado momento, él se levanta y dice: ‘Voy a hacer una cosa que va a parecer un poco obscena pero no va serlo’. Se pone de pie y empieza a desabrocharse el cinturón a escasos centímetros de la cara de esta perito, mientras digo ‘no, no, no’. Él repite: ‘Sólo quiero que mires esto, mira esto’ Se mete la mano en la cinturilla y me pide que mire en su interior».

Él quiere demostrarle que ha adelgazado por la tensión de su trabajo, pero la psicóloga ilustra así cómo Lorente invade su esfera personal como, sostiene, hizo con A. Lorente admite también que tuvo un pleito anterior por una situación similar, «que no llegó a nada». Este diario ha intentado sin éxito ponerse en contacto con el profesor.

Volvemos a la psicóloga Gutiérrez Salegui: «Es un caso claro de acoso vertical, de jefe a subalterna. Me acerco, me rechazas, te destruyo, te salvo: me perteneces. Se intercalan conductas de castigo con supuestos cariños, todo ello indeseado por la víctima. El mensaje es: ‘Dependes de mí’. Eso genera primero ansiedad, luego trastornos de sueño y alimentación. Luego, depresión».

FUENTE:https://amp.elmundo.es/papel/historias/2019/10/27/5db561aefdddff631c8b45cd.html

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Por: Gutiérrez Salegui

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Etiquetas: Gabriel Cruz

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Categorías: Asesinato

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9 de septiembre de 2019

La autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz apareció este lunes con una imagen renovada. “Busca aparentar que le podría pasar a cualquiera”

La imagen que el público en general tiene de Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del pequeño Gabriel Cruz, es la que daba cuando aparecía en el teatro que montó durante las batidas de búsqueda del niño. Gafas, pelo rizado, chándal, bufanda, la sudadera roja con capucha que llevaba cuando la detuvieron y la camiseta con la cara de Gabriel con la que se retrataba en los medios es lo que todos vieron. Sin embargo, la Ana Julia que ha entrado este lunes en la Audiencia Provincial de Almería es otra, mucho más dulce.

Pocos minutos antes de las 9:00 de la mañana, la autora confesa era bajada del furgón de la Policía Nacional y lucía un pelo alisado, iba ataviada con una americana, pantalones claros, una camiseta blanca y unas zapatillas nuevas, azules. Iba como iría cualquier persona normal. Es puro marketing pero, ¿de dónde ha sacado la ropa? ¿quién le alisó el pelo? ¿qué busca comunicar con esta nueva imagen?.

Según ha podido saber EL ESPAÑOL, después de que Ana Julia fuera detenida, el padre del pequeño Gabriel, Ángel Cruz, decidió deshacerse de todo aquello que le recordara a la que fue su pareja hasta que mató a su hijo. Ángel cogió toda su ropa y se la entregó a las autoridades. Poco después, como ningún familiar de Ana Julia se hacía cargo de esas pertenencias, la Guardia Civil le llevó a la autora confesa numerosas bolsas con su ropa a la prisión de El Acebuche donde está encarcelada.

Llegada de Ana Julia a la Audiencia Provincial de Almería

Por ello, Ana Julia cuenta con un fondo de armario mucho más extenso que la media de internas del centro penitenciario y que guarda en un almacén que la prisión tiene habilitado para los enseres personales de los presos. Lo más probable es que sea de entre esa ropa de donde ha rescatado esta nueva imagen.

También cabe la posibilidad de que se la hubiera prestado otra presa, pero es menos probable. Fuentes penitenciarias han confirmado a este diario que ella sigue en el llamado régimen 75.2, por el cual se mantiene aislada la mayor parte del tiempo y su mayor contacto es una presa de confianza que tiene asignada.

Cuando Ana Julia ingresó en prisión, a mediados de marzo de 2018, se oía por los pasillos “¡Ya te pillaré!”, “¡Te voy a matar!”. Fue el recibimiento de las otras presas. “El centro tomó medidas por precaución”, relatan fuentes penitenciarias. “Hasta para bajar al patio lo tiene que hacer sola, aunque hay muchas veces que ni sale y se queda en la celda”, añaden.

Ana Julia, durante la búsqueda de Gabriel.

Ana Julia, durante la búsqueda de Gabriel.
Las mismas fuentes relatan que el alisado del pelo se lo hizo otra presa este domingo por la tarde en la peluquería del centro penitenciario. Esa presa ejerce de peluquera aunque no tiene por qué ser profesional de ello sino que, en las prisiones, la de peluquería es una de las labores que se reparten entre los internos. De todas formas, no se trata de nada fuera de lo común. Es muy habitual entre los presos este tipo de comportamientos, “para los juicios siempre se maquean”, comentan las fuentes.

Imagen acorde a la estrategia
Para la psicóloga forense y miembro de la asociación Clara Campoamor Ana Isabel Gutiérrez Salegui, esta nueva imagen no sólo consiste en aparentar normalidad, sino que responde a la estrategia de la defensa. Los abogados de Ana Julia, Esteban Hernández Thiel y Beatriz Gámez, quieren demostrar que la mujer asesinó a Gabriel sin premeditación, como si fuera un ataque de rabia. En ese tipo de detalles está la diferencia entre los tres años de cárcel que pide la defensa y la prisión permanente revisable que pide la acusación.

“Ana Julia está buscando generar cierta empatía. Necesita que se identifiquen con ella. La mayoría de las personas se consideran a sí mismos gente de bien y tiene que transmitir una imagen pulcra, para que se piense que le puede pasar a cualquiera”, comenta Guitérrez Salegui. “No está usando el mira cómo estoy sufriendo porque no la van a creer. Pero todo lo que usa es muy anodino, no llama la atención, va como una persona cualquiera iría al trabajo”, añade.

“Si hubiera querido usar la estrategia de aparentar que está loca, habría ido en chándal y con ojeras. Pero estamos en la de yo era normal y el chico me sacó de mis casillas”, asegura la psicóloga.

Ana Julia, durante el juicio en la Audiencia Provincial de Almería.

Ana Julia, durante el juicio en la Audiencia Provincial de Almería.
EFE

-¿Y por qué antes daba otra sensación?

– Es una imagen más cuidada y amable. En cuanto antes, las personas con rasgos psicopáticos, y todo apunta a que ella los tiene, tienden a mimetizarse en base a sus necesidades. En la búsqueda tenía una imagen compungida y ahora le interesa generar empatía, transmitir que no es tan mala.

Y en cuanto a la comunicación no verbal que ha mostrado durante el juicio, Gutiérrez Salegui, que tiene experiencia en numerosos casos y ha analizado en profundidad este, lo tiene claro: Ana Julia está actuando. “No se trata sólo de que me pongo, de cómo me visto, sino también de lo que intento impostar. Me da la sensación de que está haciendo un ejercicio de equilibrio dentro del equilibrio. Está actuando como cree que actuaría una persona normal que sin querer se vio en una así. Eso que hace de echarse a llorar y luego estar normal intenta comunicar la imagen de una persona normal que está aturdida por lo que está viviendo”, añade.

Finalmente, este lunes, Ana Julia no declaró en el juicio que se celebra contra ella en la Audiencia Provincial de Almería. Lo tendrá que hacer, por lo tanto, este martes. Se trata del mismo día en el que está previsto que declaren los padres de Gabriel, Ángel y Patricia. Sin embargo, los tres no coincidirán ya que al declarar como testigos, Ana Julia tendrá que abandonar la sala.

FUENTE:https://www.elespanol.com/reportajes/20190909/operacion-dulce-ana-julia-peinada-presa-gabriel/427958213_0.amp.html…

Por: Gutiérrez Salegui

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Etiquetas: Gabriel Cruz

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Categorías: Asesinato

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31 de agosto de 2019

A una semana de sentarse en el banquillo de los acusados, reclusas ‘sombra’ protegen la vida de la autora confesa de la muerte de un niño de ocho años.

En mitad del silencio de la madrugada, durante alguna de las rondas nocturnas de supervisión, la funcionaria de la cárcel de Almería suele detenerse a echar un vistazo al interior de la celda de Ana Julia Quezada. Quiere ver si todo está en orden al otro lado de esa pesada plancha de hierro que hace de puerta y que las separa. La empleada de la prisión corre la mirilla que tiene a la altura de los ojos y pregunta: ¿todo bien ahí dentro? Si está despierta porque la ha escuchado llegar, María, la presa ‘sombra’ que en las últimas semanas cuida de la autora confesa de la muerte violenta de Gabriel Cruz, responde: “Todo bien, señora”.

María (nombre distinto al de la verdadera presa) es una de las varias reclusas que en los últimos 534 días se han relevado para evitar que Ana Julia Quezada, dominicana de 45 años, se quite la vida dentro de la cárcel, como ya pareció intentar al realizarse leves cortes en los brazos con una cuchilla hace ocho meses. Ocurrió la pasada Nochevieja. Había ingresado poco antes en el módulo de aislamiento tras una fuerte discusión con otra reclusa.

ción Civil buscaron a Gabriel Cruz por el cabo de Gata durante 13 días. El domingo 11 de marzo, Ana Julia Quezada lo desenterró y lo introdujo envuelto en una manta en el interior del maletero de su coche, un Nissan Pixo de color gris. Mientras lo hacía, insultaba a su víctima.

La Guardia Civil la detuvo cuando intentaba introducir el vehículo en el garaje del edificio en el que su novio tenía una casa en La Puebla de Vícar, a 80 kilómetros de donde mató al menor. Los investigadores habían instalado micros en el coche. Durante el trayecto, en otras frases, dijo: “A ver qué hago ahora con este”

Durante los 13 de días de búsqueda Ana Julia Quezada mostró esa misma frialdad que ahora narran las funcionarias que tratan con ella. Los investigadores de la Guardia Civil piensan que llegó a dejar una camiseta seca de Gabriel en una zona de monte próxima a la casa de un antiguo novio para intentar que las sospechas recayeran sobre él.

Cuando aún no había aparecido el cadáver Ana Julia Quezada participó en una entrevista en la radio pública gallega. Entre sollozos, dijo: “Estamos destrozados. Ya no sabemos qué hacer. Nos estamos volviendo locos”. En aquella entrevista llegó a hablar sobre el menor en pasado, para luego corregir. “Era un niño muy responsable… es un niño muy responsable”.

“Sentía celos” del niño

Ana Gutiérrez Salegui, psicóloga forense del Instituto de Probática e Investigación Criminal, ha analizado el perfil psicológico de la acusada. En conversación telefónica con EL ESPAÑOL explica que Ana Julia Quezada “tiene una mente fría y calculadora” y que durante los 13 días de búsqueda del niño “no mostró ni un atisbo de remordimiento”.

“Estamos ante una persona muy narcisista, con necesidad de protagonismo, de ahí esa carta al padre a través de Telecinco y no directamente a él o su intervención en la radio gallega”. Gutiérrez Salegui añade que, a su juicio, “Ana Julia veía a Gabriel como un estorbo en su relación con Ángel” y que “sentía celos” hacia el menor “por robo de atención”.

El lunes 9 de septiembre un furgón de la Guardia Civil recogerá a primera hora de la mañana a Ana Julia Quezada de la cárcel de Almería para trasladarla hasta la Audiencia provincial. Se despedirá de María, su presa ‘sombra’, se vestirá y desayunará. Será la primera en declarar en sede judicial. El martes 10 lo harán Ángel Cruz y Patricia Ramírez, padres de la víctima. Las seis sesiones posteriores servirán para escuchar a guardias civiles, un policía local de Níjar o a los forenses.

Casa en Las Hortichuelas (Níjar, Almería) de la abuela paterna de Gabriel Cruz.AL

El juicio estará presidido por la magistrada Alejandra Dodero. La dureza del contenido de algunas de las pruebas que se expondrán en la sala obligarán a la reserva de algunas imágenes y audios. La vista contará con señal institucional que permitirá a los medios de comunicación seguir su desarrollo desde una sala. Es previsible que algunos fragmentos se vean solo a puerta cerrada con la intención de proteger tanto al propio menor fallecido como la intimidad de sus padres.

La Asociación Profesional de la Magistratura (APM), la Asociación Judicial Francisco de Vitoria (AJFV) y Juezas y Jueces para la Democracia (JJpD) hicieron público un comunicado este pasado lunes en el que pedían “un tratamiento informativo responsable”.

La noche previa a que dicho furgón de la Guardia Civil conduzca a Ana Julia Quezada hasta el banquillo de los acusados, una funcionaria volverá a hacer de madrugada una ronda de supervisión en la prisión El Acebuche. Quizás esa noche volverá a correr la mirilla de la celda donde en ese momento descansará la acusada, preguntará si todo está bien y esperará la respuesta de María, la presa ‘sombra’ que ha ayudado a que la autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz siga con vida a una semana del juicio

FUENTE:https://www.elespanol.com/reportajes/20190831/ana-julia-juicio-gabriel-presas-suicidio-asesinato/425458367_0.amp.html

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Por: Gutiérrez Salegui

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Categorías: Malos tratos

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4 de diciembre de 2018

Psicóloga clínica y forense ·

 «Muchas conductas son como la tortura de la gota china, merman poco a poco y lo peor es que muchas víctimas no saben que lo son»

Nació en Deba, vive en Madrid y es asesora de la asociación Clara Campoamor de Andalucía, que comenzó su andadura hace cinco meses. Profesora de la Escuela de la Salud, participa estos días en las charlas que ha organizado la Subdelegación del Gobierno en Gipuzkoa contra la violencia de género. Ayer estuvo en Zarautz y hoy hablará en Eibar, a las 19.00 horas, en la Sala Fundación Ramón Rubial, calle Isasi, 2. Ana Gutiérrez es una psicóloga forense que quiere que se tenga en cuenta la importancia del daño psíquico más allá del moral y del físico. Reconoce que a veces tiene que pelearse con los abogados que no lo entienden.

– Todo es aparentemente más fácil para la víctima cuando la agresión deja secuelas físicas. ¿Cuál es la diferencia entre una lesión moral y una psíquica?

– El problema es que muchos profesionales no lo distinguen, lo que dificulta mucho nuestra labor. Tenemos que demostrar que la lesión psíquica de una mujer está causada por un maltrato. Una pierna rota o un moratón se detectan de forma fácil, pero el problema es demostrar, por ejemplo, la causa de una depresión. ¿El daño moral? Es el sufrimiento en sí mismo que generan determinadas actitudes de acoso o de agresión y que no tienen por qué generar patologías psicológicas. Puede que seas muy fuerte y no te cause una enfermedad, pero sí daño moral por lo que has aguantado.

– ¿Cómo se evalúan los daños que una mujer sufre en estos casos?

– Mire, como ocurre con los accidentes de tráfico. Días de baja impeditiva y no impeditiva, tiempo de inhabilitación o de duración de la enfermedad… Insisto en que es difícil demostrar las causas de una enfermedad psíquica. A veces no se detecta hasta que hay un intento de suicidio. Ocurre más de lo que creemos.

– El maltrato afecta a todas las edades, pese a que la educación ha sido mucho más igualitaria desde hace años. Es difícil de entender…

– en lo que tiene que ver con los malos tratos físicos, el propio factor biológico hace que sea patrimonio de los hombres hacia las mujeres y es normal. Si yo le digo a mi pareja que le voy a dar una bofetada no le va a asustar demasiado. En el psicológico, sin embargo, es más paritario, lo que no es nada bueno. Entre los más jóvenes existe menos empatía, menos emociones, se fomenta mucho la intolerancia a la frustración y el egoísmo. Puede que en la escuela les eduquen para la igualdad, pero luego está la sociedad, desde los catálogos de juguetes a los modelos que ofrecen en determinados programas de televisión, los influencers, los youtubers… No citaré uno de esos programas, pero me he visto obligado a verlo porque mis pacientes lo hacen y es dañino.

– Dígame cuál…

– Si ya se lo imagina… ¿Le suena ‘Mujeres y hombres…’? No es el único.

– Defiende que tanto chicos como chicas deben interiorizar que si les tratan mal es que les maltratan. ¿No lo hacen?

– A veces las personas no se dan cuenta de que lo que el otro considera una prueba de amor se trata solo de forzar a su pareja a que haga lo que no quiere. ‘Si no haces determinada práctica sexual es porque no me quieres’, ‘si no me das la contraseña de tu móvil es porque no soy nada para ti’. El maltrato de control, por ejemplo, es brutal entre los más jóvenes, entre los adolescentes. ‘No te vistas así, mándame una foto para que sepa con quién estás…’. Lo peor es que el 50% de las víctimas no se considera como tal porque existe un marketing del amor maltratador como amor sano y protector. ‘No quiero que salgas sola porque te puede pasar algo’. O ‘no te contesto al teléfono, ni te hablo’. Todas estas conductas siguen la estrategia de la tortura de la gota china, hacer daño poco a poco. A veces la depresión que provoca hace que la gente intente suicidarse.

– No piden ayuda…

– No, no entra en su cabeza, ni cuando son apenas unas crías ni cuando son adultas. Se sienten infelices, pero no creen que son víctimas.

– Es difícil poder abandonar esta situación porque cada vez proliferan más esas exparejas que quieren vengarse.

– El momento de la ruptura es el más peligroso. Los datos son reveladores y para sorpresa de quienes estamos en este mundo, si no hay maltrato físico y en cambio sí psicológico, es más posible que exista acoso. Ahora se trabaja en la mejora de los instrumentos de detección de la peligrosidad, pero nos encontramos con el problema de siempre, que si estas mujeres no han denunciado porque no se reconocen como víctimas, no se puede protegerlas, no se puede hacer nada.

– Vaya, que instituciones o asociaciones se encuentran con las manos atadas en muchos casos.

– En este 2018, solo 13 de las 48 víctimas de violencia de género contaban con protección porque habían presentado una denuncia. Es verdad que 8 estaban mal diagnosticadas.

– Estos datos no animan mucho a separarse del verdugo…

– ¿Sabe lo que me dicen estas mujeres? Que si la información fuera que casi 200 mujeres han abandonado esa relación que les maltrataba y les hacía daño en vez de que hay 48 víctimas, podrían ser más valientes. Es lógico, dicen que si piensan que por abandonarles les van a matar, se lo piensan mucho, aunque luego acaben en intentos de suicidio. Estas 200 lo hacen con ayuda de entidades, pero luego hay más que se respaldan solo en familiares y en amigos.

– Aboga por una buena formación para detectar la peligrosidad a la que puede estar sometida una mujer y porque se generen grupos interinstitucionales en los que también haya asociaciones de apoyo. ¿No es complicado?

– Vamos a ver… Puede que te incomode ir a una comisaría de Policía, sea la Ertzaintza o la Guardia Civil. Sobre todo si vives en un pueblo, donde te puede ver la hermana de tu cuñada o su vecina. Pero puedes acercarte a una asociación que te aconsejará sobre aquello que más te conviene, por ejemplo un piso de acogida. Puede que haya sitios que te causen ciertos recelos, pero ¿y el centro de salud del pueblo? Una red fluida es muy importante.

– Se escucha mil veces que lo importante es la educación, pero da la sensación de que no ha servido para mucho.

– Es que los roles siguen siendo los mismos, tenemos una base teórica que inculcamos a los niños, pero luego no hay práctica. Hay un abismo entre el discurso y la práctica, se sigue hablando de mariquitas y marimachos y chicos y chicas se controlan a través del móvil sin plantearse siquiera que esa relación que genera miedo e infelicidad no es sana.

– Vaya panorama…

– Habrá que admitir que más allá del bofetón, que es muy grave, hay maltrato psicológico que genera patologías y que puede llevar al suicidio. No podemos esperar a que eso suceda para actuar.

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Por: Gutiérrez Salegui

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Etiquetas: agresiones de pacientes

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Categorías: Agresiones de pacientes

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30 de mayo de 2018

Las agresiones de pacientes y familiares representan el principal riesgo de las enfermeras en su día a día

RAQUEL GONZÁLEZ. – Ni el manejo diario de productos peligrosos ni el de pinchazos accidentales, el principal riesgo de nuestros profesionales sanitarios y, en concreto, de las enfermeras son las agresiones de las que pueden ser víctimas por parte de sus propios pacientes o familiares. Así lo considera la Agencia Europea de la Seguridad y la Salud en el Ámbito Laboral y así lo ha señalado el magistrado de la Sala Tercera del Tribunal Supremo César Tolosa Tribiño durante el encuentro que hoy se celebra en Ourense para hablar de agresiones a profesionales sanitarios, una jornada organizada por la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud (EICS) y el Colegio de Enfermería de Ourense.

Como ha puesto de manifiesto Pilar Fernández, directora de la EICS, en el acto inaugural, “las agresiones a profesionales sanitarios no son un tema menor. Las cifras no dejan de crecer y los enfermeros somos los profesionales sanitarios que sufrimos un mayor número de agresiones. De hecho, los datos ponen de manifiesto que uno de cada tres enfermeros ha sido víctima de una agresión física en el último año y casi el 70 % de una agresión verbal”. Para Pilar Fernández, es preciso actuar de manera contundente y es que, como ha explicado, “nuestra cercanía con los pacientes quizás nos haga más vulnerables, pero esta situación de vulnerabilidad debe cambiar, debemos tomar las medidas necesarias para revertir esta tendencia y erradicar el problema sin perder un ápice de profesionalidad y excelencia en el cuidado de nuestros pacientes”.

Denunciar

Entre los retos por delante para atajar esta situación se encuentra el de denunciar las agresiones y es que, actualmente, 8 de cada 10 agredidos no lo hace. Las consecuencias de no hacerlo son, por ejemplo, la impunidad que siente el agresor. En este sentido, Rosendo Luis Fernández, vicepresidente primero de la Diputación de Orense, ha sido tajante: “si el paciente agresivo sabe que no va a ser denunciado, tiene vía libre para agredir y sabemos que la mayoría de las víctimas no denuncia”. Además, ha subrayado, hay que tener en cuenta que “hay un antes y un después de la agresión, se necesita mucho tiempo e incluso tratamiento psicológico para que se restablezca la relación entre el profesional y sus pacientes”.

Más allá del perjuicio para el profesional agredido, añadía César Tolosa, “las agresiones afectan al propio sistema sanitario. Tras la agresión, el profesional no quiere volver a atender a ese paciente y si lo vuelve a atender puede suceder que acceda a lo que le exige su paciente lo que supone un tratamiento diferencial. Es importante que se tomen medidas para que el profesional agredido no tenga que seguir atendiendo a su agresor”.

Avances y retos

Entre los logros que se han dado en los últimos años frente a las agresiones, el magistrado del Supremo ha hecho hincapié en el hecho de que la agresión al profesional sanitario, que supone el 25 % de las agresiones en el ámbito laboral, sea considerada como atentado a un funcionario público. Esto conlleva una pena superior con respecto a lo que sucedía antes, cuando la agresión se enmarcaba en el ámbito de la violencia entre particulares y se recurría a sanciones que, ante la declaración de insolvencia del agresor, a menudo, quedaban en nada. “En el caso de atentado, se considera siempre grave y conlleva pena privativa de libertad, es decir, cárcel”, ha explicado.

Para César Tolosa debería irse más allá y elevar la consideración de los profesionales sanitarios a la de autoridad, lo que incrementaría aún más la pena y, por ende, la protección. Algunas Comunidades Autónomas, como Madrid o Extremadura, ya han dado incluso los primeros pasos en este sentido.

Los profesionales que trabajan en la sanidad privada son también “otra asignatura pendiente cuando hablamos de agresiones”, ha reivindicado el magistrado, pues actualmente no tienen la consideración de funcionario público y, por tanto, están más desprotegidos.

Acoso: ‘síndrome de la rana hervida’

Durante el encuentro también se ha hablado del acoso que sufren los profesionales sanitarios y, muy especialmente las enfermeras, por su condición de ser mujeres en una profesión femenina, ha referido Isidoro Rodríguez Pérez, enfermero profesor de la Escuela Universitaria de Lugo. En su opinión, las profesiones tienen género independientemente del género mayoritario de quienes la integran. Así, “la de medicina es una profesión con más mujeres que hombres, sin embargo, la profesión en sí es masculina” y se asocia, ha explicado, a una cierta “superioridad y dominio” mientras que la de enfermería, como profesión femenina, se presupone en “inferioridad”.

Al acoso en enfermería se ha referido también Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga forense. En primer lugar, al acoso sexual que, ha explicado, ante la negativa de la víctima suele derivar en acoso laboral. La psicóloga, además, ha sido tajante en cuanto al acoso sexual de las enfermeras y es que, en su opinión, “la profesión de enfermería está muy sexualidad por la cultura del porno y eso potencia el acoso sexual por parte de personal y usuarios”.
Con respecto al acoso laboral ha explicado que puede darse por parte de un superior a un trabajador, por parte de un grupo de trabajadores hacia un superior o entre iguales. En todos esos casos, el acoso se caracteriza porque se da de forma continuada y no se exterioriza, solo lo perciben el agresor o agresores y la víctima que, muchas veces, ni tan siquiera es consciente de que está siendo víctima de acoso. A estas situaciones, ha apuntado, “las denominamos como síndrome de la ‘rana hervida’, es decir, si metemos una rana en agua hirviendo, va a saltar, pero si la metemos en agua a fuego lento se va cociendo poco a poco. Eso es mobbing y las consecuencias, psíquicas y físicas, pueden ser muy graves. Cuando la situación se prolonga en el tiempo, suele derivar en una baja laboral por motivos psicológicos. Si esto se produce, ya estamos llegando tarde. Ante una situación de acoso, deben activarse los protocolos correspondientes en el centro de trabajo y todos los profesionales deben saber cómo hacerlo”.

Visibilizar el acoso

Para la presidenta del Colegio de Enfermería de Ourense, Ascensión Pérez Sampayo, “esta era una jornada necesaria” debido al gran incremento de agresiones que se sabe se están produciendo, aunque muchas no lleguen a denunciarse. En el caso del acoso, además, ha reconocido, “es un tema del que cuesta mucho hablar y desgraciadamente afecta a muchas enfermeras que durante mucho tiempo son víctimas. A este encuentro, han acudido algunas de ellas, enfermeras que han sufrido acoso laboral y que nunca se han atrevido a denunciarlo. Queremos ayudar a estas profesionales a salir de esta situación que supone un grave deterioro físico y psíquico que puede prolongarse durante años”.

Por su parte, el alcalde de Ourense, Jesús Vázquez, ha hecho hincapié en que “no vale cualquiera para desempeñar el trabajo que día a día realizan las enfermeras y no podemos permitir que esto se ponga en riesgo. Debemos pensar qué es lo que está pasando en nuestra sociedad cuando vemos que la violencia se está incrementando tanto en este como en otros ámbitos como el escolar, el familiar… y jornadas como esta nos ayudan a reflexionar y visibilizar el problema”.

Observatorio agresiones

Ahora, para profundizar en las circunstancias y el alcance real de este problema, la Organización Colegial de Enfermería ha decidido poner en marcha el Observatorio Nacional de Agresiones a Enfermeros y Enfermeras. “Es un tema que nos preocupa mucho desde hace años y resulta terrible cada noticia de un compañero que sufre ataques en su puesto de trabajo”, expone Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería (CGE).

Esta iniciativa cuenta con un sistema de comunicación y registro de agresiones unificado de modo que todos los enfermeros españoles puedan comunicar su agresión de forma fácil y a través de un formulario. El documento de registro de agresiones se puede rellenar de manera rápida en la web el Consejo General de Enfermería a través del siguiente enlace: http://www.consejogeneralenfermeria.org/formulario-incidentes.

Publicado por: Diario Enfermero

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Por: Gutiérrez Salegui

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Etiquetas: acoso laboral, mobbing

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Categorías: Acoso Laboral, Mobbing

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14 de enero de 2017

Cuando los casos de acoso laboral se acaban dirimiendo en los tribunales y no hemos tenido ocasión de ejercer la abogacía preventiva, constatamos que, en numerosas ocasiones, las partes no han actuado con la diligencia recomendable. Pero personalmente he encontrado más empleados que sí han hecho lo que debían ante una situación de mobbing que empresas que hayan articulado una prevención y una reacción adecuadas.

Ciertamente, he conocido muchos trabajadores sin pruebas, o con dudas, o con miedo insuperable a denunciar, o que actúan tarde o mal… Pero también muchos que se han informado oportunamente y han dado los pasos correctos en cuanto a recopilación de elementos probatorios, denuncia interna y acciones en vía judicial. Sin embargo, ha sido infrecuente encontrarme empresas que se enfrentaran al procedimiento judicial con la plena tranquilidad del deber cumplido. Por ello, mi primera colaboración con Jupsin.com va encaminada a ofrecer algunas recomendaciones prácticas para responsables empresariales.

Debemos advertir que no hay fórmulas mágicas, infalibles y con validez universal. Cada empresa debe adecuar su actuación a su propia realidad, a sus procedimientos de trabajo y de relaciones internas, a su tamaño, a su experiencia… Y evaluar constantemente, para corregir lo que sea preciso.

Para ello, lo más acertado es recabar apoyo especializado en cuestiones jurídicas y en materia de prevención de riesgos laborales. La lectura de un artículo nunca suplirá al asesoramiento personalizado.

Dicho eso, sí me atrevería a apuntar algunas pautas básicas sobre lo que, en mi opinión, una empresa debe hacer y lo que no. Y esto último lo he aprendido, sobre todo, sentándome en estrados enfrente de algunas compañías que resultaron condenadas por haber permitido, por acción u omisión, el acoso contra alguno de sus empleados y que, además, llegaron a juicio con una actitud de sostenella y no enmendalla: con ellas he cursado un auténtico máster práctico de cómo no actuar ante estas situaciones.

LO PRIMERO, PREVENIR

Obviamente, la primera actuación empresarial ha de ser la prevención, intentar que no se produzca acoso en el seno de la empresa para no tener que tomar medidas ante hechos ya consumados.

Un deber elemental de todas las empresas, sin excepción, y que sin embargo registra un elevado nivel de incumplimiento en nuestro país, es evaluar los riesgos psicosociales. El artículo 16.1 de la LPRL exige que la empresa evalúe los riesgos para la salud y, obviamente, eso incluye todos, no sólo los de tipo físico. El artículo 15.1, en sus apartados d) y g), apunta precisamente en esa dirección. La Unión Europea, la Administración española y, en particular, la Inspección de Trabajo, han incidido en la obligatoriedad de evaluar y prevenir los riesgos psicosociales y han desarrollado instrumentos al respecto. Por otro lado, empieza a ser habitual que los órganos judiciales impongan indemnizaciones a favor del trabajador por vulneración de sus derechos incluso aunque no se acredite el acoso, cuando la empresa no ha evaluado los riesgos psicosociales y, por tanto, le ha desprotegido (en este sentido, podemos señalar la reciente sentencia del Juzgado de lo Social nº 3 de Vitoria de 30 de septiembre de 2016, que cita interesante doctrina del TSJ del País Vasco).

Cabe adoptar la recomendable práctica de implantar protocolos internos específicos contra el acoso, si la evaluación de riesgos así lo aconseja (por tamaño o por circunstancias de la empresa), si se ha pactado en convenio, si por cultura corporativa es uso habitual de la firma, etc. Este tipo de instrumentos van encaminados a concretar el compromiso de la empresa, generalmente con la participación de los trabajadores, y establecen mecanismos de prevención, cauces de denuncia y pautas específicas de actuación ante las mismas.

En cualquier caso, hay una exigencia elemental: que los instrumentos internos de detección y de denuncia funcionen y sean algo más que una simple apariencia. Las sentencias suelen rechazar que su mera existencia formal sirva de eximente, cuando no se demuestra que los trabajadores están debidamente informados y que, ante una denuncia, se cumple de manera real y efectiva el protocolo.

ACTUACIÓN ANTE UNA DENUNCIA INTERNA

Cuando un empleado pone en conocimiento de la empresa una situación de acoso hay que hacer, sustancialmente, dos cosas.

La primera, evitar, jurídica y materialmente, que el presunto acoso se pueda seguir produciendo. Implementar, por tanto, una medida cautelar que excluya cualquier posibilidad de que el acosador pueda continuar, o incluso incrementar, su actuación de hostigamiento y, por descontado, que tenga ocasión de intimidar a su víctima para que desista de la denuncia. Parece obvio, pero no pocas veces se olvida. Esa medida podrá ser una movilidad funcional, geográfica, etc., con carácter temporal, que proteja al posible acosado sin que implique vulnerar la presunción de inocencia del denunciado. Si conlleva un contenido gravoso, es preferible que lo soporte el presunto acosador antes que la presunta víctima, entre otros motivos para evitar que el primero tenga una sensación de haber “ganado la partida”. Cuando no resulta factible alejar al denunciado de la esfera del denunciante por estos medios, cabe incluso la posibilidad de exonerarle de trabajo temporalmente, sin pérdida de retribución, mientras se aclaran los hechos.

La segunda, abrir una investigación interna, que ha de ser formal –dejar constancia de ello y notificárselo a las partes-, rigurosa, prudente pero decidida, y respetuosa con los derechos de todos.

En el marco de la misma, la empresa podrá practicar, si las partes colaboran con ello, pruebas documentales, testificales e incluso periciales. Cuando alguno de los implicados se niegue a colaborar en la práctica de una de las diligencias, ha de dejarse constancia de ello.

Si, como consecuencia de la investigación, se llega a la conclusión inequívoca –aunque nada habitual- de que el acoso no ha existido y de que estamos ante una denuncia falsa, la empresa deberá reponer al denunciado en sus condiciones y actuar disciplinariamente contra el denunciante malintencionado.

Si se alcanza la certeza razonable de que el acoso ha existido, por descontado la empresa debe actuar disciplinariamente contra su causante. Si se hacen las cosas bien, la extinción contractual puede ser considerada como ajustada a Derecho. A título de ejemplo, la sentencia de 23 de mayo de 2016 del Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirmó la decisión del Juzgado de lo Social nº 24, que había declarado la procedencia del despido de la directora de un centro del sector de la dependencia. El comportamiento de hostigamiento y desconsideración de la misma hacia sus subordinados, objeto de investigación interna y avalado por varios testigos, había producido trastornos de salud a cinco miembros de su plantilla, según el dictamen de la perito Ana Isabel Gutiérrez Salegui, por lo que se desestimó la demanda por despido que interpuso contra la empresa.

En estos supuestos, además, la empresa tiene que proteger a la víctima y colaborar en todo lo posible con su recuperación.

Acto seguido, debe reevaluar sus mecanismos de prevención y detección internos, para ver si pueden mejorarse o si se ha producido algún fallo que sea susceptible de subsanación. En este sentido, recordemos que el artículo 16.2.a) de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales obliga expresamente a revisar la evaluación cuando se han producido daños para la salud.

Cuando no se constata un acoso laboral propiamente dicho, pero sí se acreditan en la investigación hechos que impliquen abuso de autoridad, desconsideración, o cualesquiera otros incumplimientos laborales, también se actuará disciplinariamente y se tomarán las medidas oportunas ante los mismos.

Si la empresa no ha podido alcanzar resultados concluyentes y se encuentra con dos versiones contradictorias, ambas sin soporte probatorio, habrá de hacerlo saber así a los implicados. Las cautelas que se adoptaron para separar a denunciante y denunciado -u otras que resulten adecuadas en sustitución de las mismas- deberían convertirse en definitivas. Y se podrá informar a la presunta víctima de los derechos que puede ejercer en vía administrativa o judicial, ante organismos que previsiblemente sí contarán con medios y facultades para alcanzar conclusiones vinculantes, además de mostrar la plena disposición a colaborar por parte de la empresa.

¿Y SI LA EMPRESA ES DEMANDADA?

Si la empresa “no va a aprobar el examen”, es decir, si no ha cumplido con sus obligaciones preventivas o si no reaccionó adecuadamente cuando conoció los hechos, más vale que llegue a un acuerdo con el trabajador. No sólo eliminará la elevada probabilidad de una condena judicial en la jurisdicción social, sino posteriores sanciones administrativas, el riesgo de acabar en vía penal y un coste reputacional si el caso trasciende públicamente.

Si no existía denuncia interna y la papeleta de conciliación o la demanda es la primera noticia sobre los hechos, ello no impide que la empresa reaccione. En contra de lo que algunos responsables empresariales parecen creer, que el caso se judicialice no exime a la empresa de seguir cumpliendo con su deber in vigilando, como tuvo ocasión de recordar el Juzgado de lo Social nº 7 de Madrid en sentencia de 9 de mayo de 2016, recientemente confirmada por el TSJ. Puede y debe poner a disposición de la presunta víctima los mecanismos internos existentes, ha de implantar alguna medida cautelar para evitar que el acoso pueda continuar (antes de que sea el juez quien se la acabe imponiendo), etc.

Llegados a juicio, hay un error muy habitual que debe evitarse: el de alinearse sistemáticamente con el acosador, por entender que hay una coincidencia de intereses, incluso cuando ocupan la misma posición procesal de codemandados. Salvo que su investigación interna haya llegado a tal certeza, la empresa no tiene por qué sostener que la conducta controvertida no existió. Esa postura -que los hechos no son ciertos- ya la defenderá el presunto acosador y, si ello fuera avalado finalmente por la sentencia, la empresa se verá eximida de responsabilidad, sin necesidad de haber descartado otras posibilidades. Unir la suerte de la empresa a la del presunto acosador es muy mala idea, desde cualquier punto de vista, cuando no existe plena certidumbre de que la denuncia es falsa. La postura de la empresa ha de ser que, con independencia de que fueran o no ciertos los hechos, ella no es responsable, porque ha actuado correctamente en todo momento. Y su línea probatoria tendrá que ir en esa dirección.

Se trata de demostrar en juicio que no existe un incumplimiento empresarial que justifique una sentencia condenatoria contra el empleador. Pero, para ello, debemos llegar al estrado con los deberes hechos. Si no es así, como queda dicho, será mejor pactar con la víctima. Y aprender lecciones para el futuro.

 

FUENTE: http://www.alberche.com/…

Publicado en Lawyerpress.com, 04.12.15 

EL FENÓMENO MOBBING EMERGE CON FUERZA EN NUESTRO PAÍS, PESE AL ESCEPTICISMO DE LOS JUECES EN SUS RESOLUCIONES 

Luisja Sánchez 

Jornada en el ICAM, organizada por su Sección Laboral, donde se analiza su vertiente psicológica y jurídica en este entorno actual de crisis. Ochenta abogados en lista de espera. Dos debates intensos, el de hace unos meses y éste, que culminaba tras tres horas intensas, donde el mobbing fue el protagonista. Un tema que interesa tanto a juristas que tienen que enfrentarse con situaciones de este tipo, como a trabajadores y profesionales que pueden llegar a sufrirlo. En esta oportunidad, Carlos Javier Galán, presidente de la Sección de Derecho Laboral del ICAM volvió a moderar el debate, que contó con los mismos protagonistas de la anterior edición, celebrada hace tan solo un mes, y que volvió a abarrotar el salón de actos de la entidad colegial madrileña con los mismos ponentes. 

Intervino en primer lugar, Ana Isabel Gutiérrez, psicóloga y experta en temas periciales, que ofreció una ponencia muy explícita sobre cómo afecta esta práctica al trabajador y que medios tiene para probar que está sufriendo de mobbing. 

Por su parte, el abogado Juan Ignacio Marcos, que coordina una iniciativa pionera como es el Observatorio Vasco sobre Acoso, profundizó en la vertiente jurídica de esta práctica y en cómo los jueces a través de sentencias muy recientes están considerando que el mobbing es un elemento que emerge en las empresas.

La creación del Observatorio Vasco sobre Acoso, hace ya trece años, ha supuesto un antes y un después en la concepción del mobbing, una práctica cada vez más frecuente en las empresas y que además de acabar con la salud de muchos profesionales culmina con su salida de la empresa, machacados psicológicamente. Es precisamente el País Vasco, el lugar de España donde las sentencias de la Sala Social empiezan a dar visibilidad a este fenómeno. “Las empresas tienen en su mano acabar con el mobbing. Depende de la propia dirección de la empresa, no ser permisivo con estos sujetos. Normalmente se les aparta o cambia de lugar, pero vuelven a generar problemas hasta que se les expulsa”, comentó Juan Ignacio Marcos en su exposición. 

Hablar de mobbing es hacerlo de conductas hostiles de un tercero para otra persona, a la que puede generar muchos síntomas depresivos y otras cuestiones para su salud y lo que realmente busca es que esa persona abandone la empresa, harta de ese machaque a todos los niveles. “Creo que cuando hay que enfrentarse con un caso de este tipo en un juicio, lo mejor es no hablar de mobbing sino presentar los hechos con todas las pruebas que tengamos y que sea el propio juez quien decida”; apuntó. También describió los diferentes daños que pueden reclamarse en esa demanda desde carácter patrimonial; moral, lucro cesante, daños personales o incluso de honor. “Las últimas sentencias estimativas dejan claro lo complicado que es establecer los llamados daños morales”, subrayó. 

Por su parte, Ana Isabel Gutiérrez en su exposición, centró el tema desde un punto de vista clínico del sufridor del acoso. Señalo que con la salida de la crisis había más ánimo en denunciar estas prácticas deleznables. Habló también del mobbing como esa conducta hostil y persistente con un gran componente psicológico que quiere generar la salida de esa persona de la organización en la que se encuentra. Habló del mobbing ascendente, poco proclive, y del descendente y horizontal, donde jefe y compañeros se encargan de que ese profesional viva un calvario laboral. En otro momento de su ponencia describió el inicio de este tipo de conductas totalmente reprobables desde pequeñas acciones “Este hostigamiento puede durar años y mina psicológicamente a la persona que lo sufre. Al final esa persona si no tiene precauciones puede meterse en una espiral depresiva que en determinados casos conduce al suicidio como escapatoria”, recordó. 

Y es que el mobbing cuando llega a una persona la cambia por completo. “Es posible que alterne comportamientos aislados en el trabajo con episodios de agresividad en su entorno familiar, junto con alteraciones del sueño, falta de apetito y otros trastornos que pueden cronificarse en el tiempo”, apuntó. El dato que dio de que las bajas por mobbing suponen unos 138 dias por año llamó poderosamente la atención de la actualidad de esta lacra. Para esta experta la persona que sufre este tipo de situación en determinados momentos puede derivar en acoso sexual en algunas situaciones. “Lo complicado de este tipo de conductas es tener las pruebas suficientes para lograr denunciar esta práctica. Ahora tanto los informes clínicos, como sobre todos los forenses aportan muchas pruebas del estado de ánimo de la víctima”. Ana Isabel concluyó su intervención dando ciertas recomendaciones para mitigar la fuerza de esta conducta hostil: “Debe contarse a la familia y tener el apoyo de ellos”, señaló.

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Publicado en Lawyerpress.com, 13.10.15 
EL MOBBING Y SUS EFECTOS, A DEBATE EN EL ICAM 

La Sección Laboral de la entidad colegial, a punto de cumplir un año de vida, organiza un debate sobre esta lacra cada vez más presente en las relaciones laborales

Lleno total y un palpable interés de los asistentes en la jornada sobre Actuación Profesional del abogado ante casos de Mobbing convocada por la Sección de Derecho Laboral del Colegio de Abogados de Madrid. 

Su presidente, Carlos Javier Galán, se felicitó de poder contar con uno de los mayores expertos de nuestro país, el abogado Juan Ignacio Marcos González, que coordina una iniciativa pionera como es el Observatorio Vasco sobre Acoso y Discriminación, y con una psicóloga como Ana Isabel Gutiérrez Salegui, que une a un profundo conocimiento técnico de la cuestión su experiencia práctica como perito forense. 

Gutiérrez Salegui detalló de forma didáctica los elementos que caracterizan al mobbing, diferenciándolo de otras situaciones (estrés, burn out, falso mobbing, simulaciones, etc.). Explicó gráficamente y con ejemplos reales las fases por las que suele atravesar la víctima, desde la desorientación inicial hasta los daños psíquicos, físicos y morales que puede llegar a sufrir. La psicóloga subrayó la importancia de una buena pericial en estos casos y cuál ha de ser su contenido recomendable. Finalmente, ofreció algunos consejos para adecuadamente a las víctimas de acoso cuando acuden al despacho del abogado. 

Juan I. Marcos repasó las principales cuestiones controvertidas en lo sustantivo y en lo procesal. Con apoyo en referencias legales, en resoluciones judiciales, en su propia experiencia práctica y en la labor desarrollada en el Observatorio, analizó las actuaciones extrajudiciales indicadas en estos casos, las vías de actuación judiciales posibles y cuestiones tales como las medidas cautelares, los medios de prueba, el contenido del petitum, las dificultades en la valoración de los daños, la problemática en la ejecución de sentencias o incluso las actuaciones habituales con las que los denunciados por acoso “contraatacan” a la víctima. 

 A las exposiciones de los ponentes siguió un amplio coloquio en el que los presentes tuvieron ocasión de plantear múltiples cuestiones, tales como los criterios de prescripción, la posibilidad de denuncia a las personas concretas responsables del acoso junto con la empresa junto con numerosas consultas de índole práctica. 

Ante la gran cantidad de personas que no obtuvieron plaza, la Sección de Derecho Laboral ha anunciado la convocatoria en breve de una segunda edición. 

Esta Sección cumplirá en breve un año de actividad, en el que ha desarrollado jornadas gratuitas sobre temas tan variados como la LRJS, el Derecho Social Internacional, la jurisprudencia sobre la reforma laboral, la Seguridad Social, las empresas de Economía Social, la igualdad en las relaciones laborales, los TRADE o la actuación de detectives privados, entre otros, con ponentes de calidad y una gran participación. 
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La noticia en otros medios: 
– Otrosí.net, 09.10.15 

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El próximo 8 de octubre, a las 18 horas, tendrá lugar en el Salón de Actos del Colegio de Abogados de Madrid, una jornada sobre Actuación profesional del abogado ante el mobbing, con la participación de Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga y perito forense, y Juan Ignacio Marcos, abogado ejerciente y coordinador del Observatorio Vasco de Acoso Moral en el Trabajo. El acto será presentado por Carlos Javier Galán, presidente de la Sección de Derecho Laboral  del ICAM. 
Entre otras materias se abordarán:
– Qué es el mobbing. Tipos. Fases. Elementos y síntomas. Diferencias con otras figuras 
– Actuaciones extrajudiciales frente al acoso en el trabajo 
– Acciones judiciales en jurisdicción penal, social y contencioso-administrativa. Procedimiento de tutela de derechos fundamentales y otros procesos (ordinario, despido, modificación sustancial, sanciones, extinción a instancia del trabajador).
– Medios de prueba y su problemática. Contenido de la pericial 
– Valoración de daños 
– Ejecución de sentencias 
– Actuaciones frecuentes de la empresa o personas demandadas frente a la víctima del acoso 
– Pautas y sugerencias cuando llega un caso de acoso laboral al despacho.
La asistencia es abierta a colegiados y no colegiados, y gratuita, pero previa inscripción en seccionlaboral@icam.es.

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