Sígueme en las redes sociales


Archive for the
‘Acoso’ Category

Por: Gutiérrez Salegui

/

Etiquetas: acoso y seximo en el trabajo

/

Categorías: Acoso

/

6 de septiembre de 2023

Cinco enseñanzas del ‘caso Rubiales’ en el ámbito laboral. Exposición directa, clara y contundente del jurista y profesor Carlos Javier Galán, sobre aspectos que pueden ser extrapolables al ámbito laboral del beso del presidente de la RFEF a la futbolista Jenni Hermoso.

El suceso tuvo lugar durante la entrega del trofeo del Campeonato del Mundo de Fútbol Femenino a las jugadoras de la selección española, que fue retransmitido en directo a todo el mundo.

Te lo contamos en jupsin.com, el portal profesional exclusivo de IPDGrupo.com que te ofrece información para decidir sobre igualdad y salud.

CINCO ENSEÑANZAS DEL ‘CASO RUBIALES’ EN EL ÁMBITO LABORAL

CARLOS JAVIER GALÁN

Durante las últimas semanas, ha sido objeto de debate público el comportamiento de Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de Fútbol, quien sujetó con ambas manos la cabeza de una de las jugadoras de la selección nacional de fútbol femenino, Jennifer Hermoso, y le propinó un beso en los labios en la celebración que siguió a la final del Campeonato del Mundo de Fútbol.

No es pretensión en este artículo, en modo alguno, valorar tales hechos desde la óptica penal ni desde la administrativa vinculada a la regulación deportiva, respetando, como no puede ser de otra forma, lo que resuelvan los órganos competentes en cada caso.

El objeto de este artículo jurídico y divulgativo es extraer, a partir de un suceso de tanta notoriedad y conocimiento público, algunas enseñanzas que puedan ser aplicables con carácter general en el ámbito laboral.

TRATAMIENTO DE LA VIOLENCIA, EL ACOSO O EL SEXISMO EN EL TRABAJO

Se trata, especialmente, de desmentir o de analizar críticamente determinados enfoques que se están produciendo respecto a estos hechos en los medios y la opinión pública y que, de trasladarse también por analogía al plano de las relaciones laborales, podrían producir una indeseable y preocupante distorsión en el tratamiento de conductas de violencia, de acoso o de sexismo en el trabajo.

Son muchas las conclusiones que podemos extraer de este caso para su aplicación al mundo del trabajo, pero nos centramos en cinco concretas en las que, desde mi criterio, se está produciendo un análisis inadecuado.

En esta exposición, directa, clara y contundente, el jurista y profesor de Derecho Laboral Carlos Javier Galán aborda aspectos que pueden ser extrapolables al ámbito laboral del beso del presidente de la RFEF a la futbolista Jenni Hermoso. – Fotos: Jesús Umbría.

(1) EN EL ÁMBITO LABORAL, EL CONSENTIMIENTO NO LO ES TODO

El presidente de la Federación Española de Fútbol afirmó públicamente en su discurso que le propuso a la jugadora Jennifer Hermoso darse «un pico» y que ella aceptó.

La jugadora calificó en un comunicado esas palabras como «categóricamente falsas» y «parte de la cultura manipuladora» generada por Rubiales.

Pero, de haber mediado consentimiento, ¿el acto sería admisible? La respuesta claramente es NO.

COMPORTAMIENTOS INADECUADOS PER SE

En circunstancias ordinarias, en el ámbito privado y en relaciones simétricas entre adultos, es nuclear esa existencia de consentimiento, expreso o tácito. Ya lo era, por cierto, antes de las últimas reformas legislativas de los delitos contra la libertad sexual.

Pero no es así en otros ámbitos concretos de relaciones donde, por producirse una situación de vulnerabilidad de una parte y de capacidad de influencia de la otra, o de jerarquía, o de subordinación, o de dependencia, o situaciones análogas de desequilibrio, determinados comportamientos se suelen considerar inadecuados per se.

En estos casos, la concurrencia de consentimiento podría excluir el tratamiento penal, pero no impide que sean conductas inaceptables -y, a menudo, punibles- desde otras perspectivas.

Así, a título de mero ejemplo de algunas relaciones asimétricas, desde la primitiva fórmula del juramento hipocrático hasta muchos modernos códigos deontológicos se considera inapropiada una relación afectiva, erótica, sexual, etc., entre médicos/as y sus pacientes. También los códigos de conducta de no pocos centros educativos prohíben estas relaciones entre alumnos/as -aun cuando sean mayores de edad- y sus profesores/as.

CONSENTIMIENTO VICIADO, LIMITADO O FUERTEMENTE CONDICIONADO

Se entiende que el consentimiento puede estar viciado, limitado o fuertemente condicionado por esa relación desigual.

Pero, por otro lado, aunque no fuera así en un caso concreto, se excluyen este tipo de relaciones con carácter preventivo, para evitar situaciones que enturbian, por seguir con los mismos ejemplos, la correcta alianza terapéutica y de confianza médico/a-paciente, la relación académica y de aprendizaje profesor/a-alumno/a, etc.

En estos contextos y en otros similares, la mera solicitud de consentimiento ya es, por sí sola, descabellada.

En cualquier parte del mundo se pudo ver el beso de Luis Rubiales a Jennifer Hermoso, porque la ceremonia de trofeos del Mundial se retransmitía en directo.

SITUACIÓN DE JENNI HERMOSO

En el momento en que se produce el hecho, Jenni Hermoso, por cesión del club para el que presta servicios, está cumpliendo sus obligaciones con la selección española, cuyo máximo dirigente es precisamente el Presidente de la RFEF.

La jugadora está, además, en un acto protocolario oficial, como es la recogida de la medalla que le acredita como campeona del mundo.

Sería totalmente reprobable -en caso de haberse producido así- que un presidente de la Federación, en ese contexto profesional, le preguntara a una jugadora de la selección española si le puede dar un beso en la boca.

Como lo sería -continuando con los supuestos anteriores- que, en una atención sanitaria, un médico le preguntara a su paciente si le puede acariciar los pechos en la consulta; o que una alumna fuese consultada por el mismo profesor que tiene que aprobarla o suspenderla sobre si consiente voluntariamente que «le meta mano» en clase.

«PARTE DÉBIL» EN LA RELACIÓN JURÍDICO-LABORAL

En los entornos de trabajo, es evidente que nos encontraríamos también ante una relación desequilibrada. La persona trabajadora depende de su empleo para percibir su salario, que constituye su sustento personal y familiar.

Por eso, al existir una «parte débil» en la relación jurídico-laboral, la ley establece incluso que existen derechos indisponibles, a los que la persona trabajadora no puede renunciar (por ejemplo, no puede admitir ni siquiera voluntariamente cobrar menos del salario mínimo, no puede aceptar el realizar mayor jornada de la permitida, etc.).

En ese contexto, por supuesto que es también inadmisible que un superior le pregunte a su subordinada en el trabajo si le puede tocar el culo, por ejemplo.

CONSENTIMIENTO Y CÁNONES DE CONDUCTA EXIGIBLES

Por tanto, el consentimiento, que es básico en relaciones equilibradas y en el ámbito privado, y que está considerado esencial cuando se trata de enjuiciar si concurre un tipo penal, no agota los cánones de conducta exigibles en otros contextos específicos.

Uno de ellos, en mi opinión, es el que concurría entre el Presidente de la RFEF y las jugadoras de la selección en la celebración posterior a la final.

Pero, a los efectos del objetivo de este artículo, esta conclusión puede trasladarse, desde luego, al ámbito de las relaciones laborales, donde un jefe no sólo no puede tener comportamientos sexistas o de contenido sexual no consentidos con una empleada, sino que tampoco debe siquiera requerirlos.

Esperemos, pues, que, al amparo del inadecuado tratamiento que está teniendo el caso Rubiales, ningún responsable empresarial considere que está legitimado para solicitar a sus trabajadoras la aceptación de gestos eróticos o comportamientos similares por su parte, en el contexto de subordinación y dependencia propio de la relación laboral.

Rubiales afirmó que le propuso a la jugadora Jennifer Hermoso darse «un pico» y que ella aceptó. La jugadora calificó esas palabras como «categóricamente falsas» y «parte de la cultura manipuladora» de Rubiales.

(2) LA VÍCTIMA NO QUEDA VINCULADA INDEFINIDAMENTE POR SU REACCIÓN INMEDIATA

Hay ocasiones en que la persona que sufre un comportamiento inadecuado de este tipo en sentido amplio -comprendiendo violencia, acoso, agresión sexual, conducta sexista, etc.-, reacciona desde el mismo instante con incomodidad o con explicito rechazo. Pero no siempre es así y, lo más importante, no tiene por qué serlo.

Se está sometiendo a Jenni Hermoso a un escrutinio de cada gesto y cada palabra, como si esa reacción en el mismo momento fuese la natural y la exigible, lo cual constituye un planteamiento sumamente erróneo, que revela un marcado desconocimiento sobre el comportamiento humano y sobre el tratamiento de estas materias.

Como ha señalado en declaraciones a El Español el psicólogo forense Edgar Artacho, «pretender que haya una única reacción de las víctimas ya de por sí es complicado, por no decir imposible, desde la evidencia científica que tenemos ahora».

REACCIONES MUY VARIADAS DE LAS VÍCTIMAS

Las víctimas reaccionan de las formas más variadas. Ciertamente, algunas con desagrado u oposición en el acto, pero otras muchas se bloquean, algunas se ven inmersas en una situación de total incredulidad, y otras se muestran complemente desconcertadas. Las hay que se comportan evidenciando una negación de los hechos y defensivamente actúan como si nada hubiera pasado, hasta que lo reflexionan y lo «digieren», e incluso hay víctimas que se autoculpabilizan de los hechos.

La Nota Técnica de Prevención nº 507 del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, al referirse al acoso sexual, explica: «Las estrategias cognitivas y emocionales del acosado en relación con el evento van desde la simple tolerancia al acoso, al negar que esté ocurriendo o que tenga consecuencias, la reinterpretación de los acontecimientos como benignos, tratar de olvidarlos y, raramente, culparse a uno mismo».

Las maneras en que cualquiera de nosotros podemos reaccionar en el momento, e incluso los procesos de afrontamiento posterior si sufrimos una conducta de esta índole, son de una enorme diversidad. Hay que estar en el instante y en la situación, en la piel de la persona afectada, para saber cómo actuaríamos cada cual en esos segundos o incluso en las horas o días posteriores.

NORMALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA, LAS AGRESIONES, LOS ABUSOS…

La violencia, las agresiones, los abusos, los comportamientos inapropiados, las conductas sexistas, lo son «independientemente de que se tome conciencia», según la psicóloga forense Laura Redondo, porque «socialmente se normalizan estas conductas y las víctimas no se identifican».

A menudo en esas situaciones se produce una disonancia derivada de que la persona que está agrediendo tu cuerpo y tu voluntad es alguien a quien no consideras un enemigo y frente al que no tienes ninguna alerta, sino justamente una persona que, por el contrario, percibes que «está de tu lado» o crees que ha de respetarte y protegerte.

La imagen mental arquetípica de la mayoría de las personas es la autoría de un desconocido y, sin embargo, eso sólo representa el 20% de las agresiones y abusos sexuales (según informe del Instituto de Ciencias Forenses y de Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid publicado por el Ministerio del Interior), puesto que en el 80% de los casos se trata de personas conocidas por la víctima.


Jennifer Hermoso: «Me sentí vulnerable y víctima de una agresión»


De esa forma se produce un «choque” mental en el sujeto ante situaciones en las que el comportamiento proviene de:

  • Alguien que se supone que te quiere (violencia de género),
  • O de alguien ante el que has abierto tu intimidad y a veces desnudado tu cuerpo porque va a proteger tu salud (abusos por parte de personal sanitario)
  • Que te orienta espiritualmente (abusos de sacerdotes y otras figuras religiosas)
  • Que está encargado de atenderte, ayudarte y cuidarte (maltrato a mayores o a personas con discapacidad por sus cuidadores)
  • O que tiene responsabilidad precisamente sobre ti (actos de un superior jerárquico en cualquier ámbito).

Esas situaciones son terreno abonado para el bloqueo, la perplejidad, o los comportamientos de negación, minimización, intentos de olvido o superación, deseos de que no hubiera existido, etc.:

  • «No puede haberme pasado esto»
  • «No hay ninguna mala intención en la otra persona y lo tengo que tolerar aunque yo no lo hubiera pedido»
  • «No tiene importancia lo que ha pasado»
  • …
La estrella del Munidal de Fútbol Femenino – Viñeta de Idígoras y Pachi en conSdeport.com.

UN GESTO DOMINANTE Y CAPRICHOSO QUE CAMBIA TU VIDA

En el mediático caso Rubiales, las jugadoras de la selección española acaban de conseguir una hazaña deportiva sin precedentes y proclamarse campeonas del mundo.

Están viviendo el mejor momento de su vida deportiva y, seguramente, uno de los mejores de su vida personal.

Es un momento de euforia, de elevado arousal (nivel de excitación cortical), como señala la psicóloga forense Ana Isabel Gutiérrez Salegui, en el que todo lo que se espera es positivo: celebración, alegría, reconocimiento, bromas, etc.

En esa situación se produce de pronto un hecho inesperado. Ante el mismo, es muy complicado cambiar «el chip» tan rápido y darse cuenta de que eso lo cambia todo.

Se me antoja muy difícil pasar, instantáneamente, de esa sensación de gozo inmenso por la culminación de tantos esfuerzos deportivos a ser consciente de que el gesto dominante y caprichoso de un mandatario federativo va a cambiar tu vida.

TEMOR DE LA VÍCTIMA A NO SER CREÍDA

En otras ocasiones, la víctima no quiere asumir la situación precisamente por lo que supondría para ella: aceptar que ha existido un comportamiento que no deseaba sobre su cuerpo y actuar frente a ello implica, cuando menos, someterse a una notable incomodidad.

Y, en el peor de los casos, a un auténtico calvario, donde buena parte de la sociedad pasa, paradójicamente y tristemente, a juzgar a la víctima, como estamos comprobando.

En la mayor parte de casos, ésta sabe que existe una extremada dificultad probatoria de los hechos: el 36,5 % de las víctimas de delitos contra la libertad sexual que no denunciaron alude como causa al «temor de no ser creída».

Pero incluso en supuestos como el que nos ocupa, en que los hechos se producen a la vista de todos, la vida de Jenni Hermoso, cada una de sus palabras, su comportamiento previo y posterior, han pasado a ser objeto de análisis colectivo, casi más que el comportamiento de Rubiales.

BROMEAR SOBRE EL SUCESO NO RESTA GRAVEDAD A LO VIVIDO NI IMPLICA CONSENTIMIENTO

«Asumir una vivencia negativa genera mucho desgaste emocional y psicológico» y «quitar hierro al asunto, restarle importancia, hacer bromas» no resta gravedad a lo vivido ni implica consentimiento, ha asegurado en redes sociales Laura Redondo.

Muchas veces, cuando a una mujer le tocan el culo -o situaciones análogas- en la calle, en el transporte público, en un establecimiento de hostelería, etc., opta sencillamente por no hacer nada.

Siente que no le merece la pena reaccionar ante ese comportamiento y que, a efectos prácticos, gana más dejándolo pasar. Pero, lo que es peor, esta conducta de no denunciar se reproduce a veces ante agresiones más graves, lo que consagra la impunidad de sujetos que seguirán cometiendo los mismos hechos con otras víctimas.

En este caso al que nos referimos, en los momentos posteriores la jugadora continua con la celebración de su enorme éxito deportivo. Ana Isabel Gutiérrez Salegui advierte de que no puede obviarse «la fatiga del momento relacionada con el esfuerzo físico y con la tensión psíquica por el significado del partido».

De esta forma, «el estrés provoca una liberación de altos niveles de cortisol y endorfinas que actúan sobre los centros cerebrales relacionados con la atención y la memoria. Tras ganar el partido, aparece una mezcla de emociones relacionadas con alivio, incredulidad, euforia… que contribuyen a interferir en las capacidades cognitivas».

La atención, en estos casos, se fija «en los hechos centrales», como era para ella en ese momento el ganar el mundial de fútbol, «y disminuye en los periféricos, provocando una peor codificación de los mismos».

Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga forense – Foto: Jesús Umbría.

APARTAS EL HECHO, LO MINIMIZAS Y SIGUES LA CONDUCTA DEL GRUPO

Su entorno -que también está inmerso en ese momento de alegría por el título conseguido- inicialmente le hace bromas al respecto, lo que alimenta esa visión de restar importancia.

Como señala Gutiérrez Salegui, la celebración colectiva y el hecho de que a su alrededor nadie otorgue relevancia al suceso puede reforzar esa actitud: «Apartas mentalmente el hecho, lo minimizas y te dejas arrastrar por la conducta de los demás».

Ella lee reacciones jocosas también en redes sociales y las comenta con sus compañeras. En una intervención radiofónica, el entrevistador también le quita relevancia y lo lleva al terreno de lo anecdótico frente a lo esencial -la consecución de un mundial-, y ella asiente ante esa perspectiva de una página que parece que va a pasar rápido.

A pesar de todo esto, en aquellos primeros videos, espontáneos, confusos, etc., e incluso en esa inmediata entrevista radiofónica ya sobresalen, a mi juicio, tres expresiones sumamente elocuentes: «No me lo esperaba», «no me ha gustado» y «¿pero qué hago yo?».

RUBIALES SE PRESENTA COMO VÍCTIMA

Pronto comenzó la reacción social y empezaron a escucharse las primeras voces de quienes no consideramos que el comportamiento de Rubiales fuera, ni mucho menos, anecdótico, sino objetivamente grave, incluso sin conocer todas las circunstancias.

También, pasados los días, la jugadora va procesando lo sucedido y tomando conciencia, así como conociendo la actitud del presidente de la RFEF, que ha sido la típica del victimario que se presenta públicamente a sí mismo como víctima.

Según fuentes presentes en el avión de regreso -como recogió Natalia Torrente en Relevo.com- el presidente presionó a Jenni Hermoso para que saliera con él en una declaración pública diciendo que el acto fue mutuamente consentido, con el objetivo de salvarle el cargo.

El seleccionador nacional, Jorge Vilda, hace luego lo mismo con el entorno familiar de la jugadora. La futbolista se niega a ello. A pesar de todo, el departamento de comunicación de la RFEF saca un comunicado en el que atribuye falsamente unas declaraciones exculpatorias a la deportista.

ACTO IMPULSIVO, MACHISTA FUERA DE LUGAR Y SIN CONSENTIMIENTO

Por fin, cuando en su discurso en la asamblea extraordinaria de la RFEF Rubiales asegura públicamente que «el pico» fue expresamente autorizado por la jugadora, ésta decide sacar un comunicado, enormemente ilustrativo respecto a la evolución de su actitud:

«La situación me provocó un shock por el contexto de celebración, y con el paso del tiempo y tras profundizar un poco más en esas primeras sensaciones, siento la necesidad de denunciar ese hecho ya que considero que ninguna persona, en ningún ámbito laboral, deportivo o social debe ser víctima de este tipo de comportamientos no consentidos».

Considera Jenni Hermoso que sufrió «un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte”.

Afirma que en los primeros momentos «en mi cabeza solo tenía la idea de disfrutar del hito histórico alcanzado junto con mis compañeras de equipo». Sin embargo, a pesar de esa decisión, estuvo «bajo una continua presión para salir al paso con alguna declaración que pudiera justificar el acto del Sr. Luis Rubiales».

Afirma que le trasladó «a la RFEF y a sus distintos interlocutores, así como a medios y gente de mi confianza que no haría ningún tipo de declaración individual o conjunta sobre este asunto, ya que entendía que, de hacerlo, quitaría aún más protagonismo a un momento tan especial para mis compañeras y para mí».

Tras el discurso de Rubiales es cuando se ve en la necesidad de romper ese silencio y emitir la nota de desmentido y rechazo, que expresa su parecer, pero en la que subraya el respaldo recibido para hacerlo: «Son todas las jugadoras de España y del mundo las que me han dado la fuerza para salir con este comunicado».

CAUCES DE DENUNCIA EFECTIVOS, CONOCIDOS Y ACCESIBLES

En el plano laboral, esta regla es también básica para establecer mecanismos de prevención y actuación adecuados, especialmente cuando se trata de actuaciones de un superior jerárquico.

El tipo de reacción o la falta de reacción inicial que pueda tener una persona trabajadora ante un comportamiento que no espera por parte de su superior, el que no manifieste incomodidad en el mismo momento, el que incluso verbalice el restarle importancia, el que muestre desconcierto o confusión, el que tenga miedo a denunciar, o cualesquiera otras diversas actitudes que puedan producirse, no le impiden posteriormente reflexionar, procesar mental y anímicamente los hechos y tomar las decisiones que considere oportunas en su defensa.

En prevención de riesgos psicosociales en el trabajo es fundamental que los cauces de denuncia sean efectivos, conocidos y accesibles, precisamente porque es sabida la dificultad de tomar una decisión de este tipo ante un superior.

«Que la víctima no quede -al menos aparentemente- traumatizada por el «beso» no le obliga a tener que aceptar algo que no era deseado o no era apropiado», explica el jurista y profesor Carlos Javier Galan.

(3) HAY ACTOS REPROBABLES CON INDEPENDENCIA DE LOS EFECTOS SOBRE LA VÍCTIMA

Hay robos que pueden dejarte en la ruina y pequeños hurtos que no tienen mucha trascendencia económica para ti, pero eso no significa que los segundos tengas que tolerarlos.

Del mismo modo, hay todo un abanico de situaciones en cuanto a sus efectos, desde agresiones sexuales violentas que dejan traumatizada a la víctima de por vida hasta un tocamiento ocasional en el metro aprovechando la multitud que produce un malestar puntual.

Pero todos ellos son rechazables, aunque sean distintas las consecuencias punitivas o indemnizatorias.

BESO QUERIDO VS BESO IMPUESTO Y NO DESEADO

En estos días he leído a muchas personas ironizar sobre lo «traumatizada» que se mostraba Jenni Hermoso en los momentos posteriores a recibir el beso, a partir de un video convenientemente editado.

Aparte de la distinción que ya hemos hecho sobre los efectos inmediatos o aparentes y los que luego permanecen, tampoco es exigible que un comportamiento provoque consecuencias traumáticas para que, si se produce contra la voluntad de la víctima o en contextos inadecuados, sea reproblable.

Rubiales alude a lo que hizo reiteradamente como «un pico» para restarle importancia. Otra gente dice repetidamente de «sólo fue un beso», con la misma intención de banalizarlo.

No hay que explicar la diferencia entre un beso querido, deseado, como gesto de cariño o de atracción entre dos personas y un beso unilateral impuesto o no deseado. Ya hemos dicho, además, que en un contexto en el que alguien puede aprovechar una situación de superioridad incluso el consentido puede resultar también inadmisible.

En cualquier caso, que la víctima no quede -al menos aparentemente- traumatizada por el «beso» no le obliga a tener que aceptar algo que no era deseado o no era apropiado.

Reconduciéndolo al ámbito laboral, hay víctimas de violencia o acoso en el trabajo que sufren fuertes consecuencias psíquicas. Pero, aunque no fuera así y el suceso no les afectase de forma importante, no tendrían por qué tolerar aquello que vulnere sus derechos laborales o constituya un incumplimiento empresarial.

Los daños psíquicos o morales tienen proyección sobre las consecuencias resarcitorias, pero su pretendida inexistencia no convalidaría nunca un acto ilícito.

 

FUENTE: https://ipdgrupo.com/…

Por: Gutiérrez Salegui

/

Etiquetas: acoso

/

Categorías: Acoso

/

27 de octubre de 2019

La relación de A. con un profesor es un ejemplo “de manual” de uno de los males de nuestro tiempo: el acoso psicológico en el trabajo

«Estoy coladísimo por ti». «Espero que me perdones todos los maltratos». «No creo que mañana sea capaz de mirarte a la cara». «Tendrás ganas de darme un puñetazo por lo cabrón que he sido contigo». «Si quieres me perdonas o me das un puñetazo en la cara, cualquier cosa me parecerá bien». «Si te veo sufrir me muero». «Te doy las llaves de mi casa». «Te va a pasar algo que te va a retorcer de dolor». «Llevo 23 años esperando a la mujer de mi vida». «Estoy delante de tu portal, sólo te pido 5 minutos».

El último día que A. estuvo bajo la autoridad de su jefe en la Universidad Complutense (Madrid), el 29 de marzo de este año, la mujer, ya medicada a diario, aterrada sólo con la perspectiva de salir de casa, anulada psicológicamente y recién separada de su pareja -como suele suceder a las víctimas de estas situaciones-, escribió lo siguiente para sí misma.

«Ese día, aunque intento escaquearme, él tiene mucho interés en que hablemos porque dice que en 10 minutos me va a quitar mi estado depresivo. Me dice que el día que me trajo la caja de guantes y yo le di las gracias, le gustó mucho cómo se las di. Que cuando se fue a casa, en la cama, se dio cuenta de que estaba coladísimo por mí. Babeaba por la comisura de los labios, me daba un asco tremendo. Cuando llegué a casa no sabía cómo reaccionar, estaba muda, muerta de miedo, impotencia, temblor de saber que el lunes tenía que verle. Ya no he vuelto».

Finalizaba ahí el «tormento» de dos años sufrido por A., trabajadora de la facultad de Medicina de la Complutense y víctima de acoso, según el meticuloso informe de 67 páginas y una decena de entrevistas emitido el 29 de julio por la Unidad de Igualdad del centro, a cuyo contenido ha tenido acceso Papel.

Está obsesionado con ella porque es una chica muy mona

UN ORDENANZA A LA UNIDAD DE IGUALDAD

El órgano recomendaba sancionar al docente, Laureano Lorente, profesor de Cirugía, pero la Complutense se ha limitado a dar traslado de los hechos a la Fiscalía de Madrid y a remover a otro lugar a la trabajadora, pese a que el presunto acosador admitió el maltrato en los mensajes entre ambos y que en sus maniobras en torno a ella, aparentemente atormentado por acosarla -en la clásica estrategia de palo y zanahoria-, le llegó a enviar una Guía sobre el acoso en el trabajo para que ella se defendiera de él. Lorente sigue en su puesto de trabajo y niega la mayor: sostiene que simplemente es muy exigente con su forma de trabajar, que en realidad trataba de motivar a su subordinada.

«Está obsesionado con ella porque es una chica muy mona, muy vistosa», declaró a la Unidad de Igualdad un ordenanza. «Es un lobo con piel de cordero», dijo una ex trabajadora. «A mí me ha dado dentera con las estudiantes, está con las chicas que se le cae la baba, el tío asqueroso», manifestó una mujer de la limpieza.

Todo ello consta en el meticuloso informe, en realidad un perfecto manual de cómo acosar en el ámbito laboral. ¿Qué sucede dentro de la mente de una mujer acosada? Ésta es la historia de A. y el profesor Laureano Lorente, tal y como la recogió la Unidad de Igualdad de la Complu.

A. se incorpora a su nuevo trabajo, como interina, en febrero de 2017. De entrada, Lorente, que lleva de manera totalmente personalista su «cortijo», le dice que no hable con nadie: «Podrían pensar que entre nosotros hay un lío».

A. va a ser la única ayudante del profesor con los materiales del Aula, y esa suerte de vasallaje, en un ambiente muy cerrado pronto deviene en lo claustrofóbico: se acostumbra a desayunar en los vestuarios para no desairar al profesor.

Primer aviso: coincide apenas unas semanas con otra trabajadora que lleva haciendo años su mismo trabajo y observa cómo el profesor ni siquiera se dirige a ella.

La mujer, que vuelve de una baja por depresión y se toma «una pastilla» cada día antes de trabajar, no soporta una nueva bronca de Lorente: se coge otra baja -personal de la Complutense admitirá luego que varias trabajadoras anteriores han pedido traslados por «sentirse incómodas con él»- y termina declarando más tarde a la Unidad de Igualdad, respecto de A.: «Me hizo la vida imposible porque quería quedarse a solas con ella».

Un mes después, A. ya está en el exacto molde de su ex compañera: es a ella a quien Lorente no habla, a quien inflige el llamado maltrato de hielo, que consiste en bañarla en silencio. Es ella la que se toma «un lorazepam» antes de fichar. El trayecto hacia la anulación ha comenzado.

Pone el contexto la psicóloga forense Ana Gutiérrez Salegui, para la que el caso de la Complutense es «de libro, de manual»: «La primera reacción es siempre de desorientación, la víctima no sabe qué pasa. Luego viene la incredulidad, se niega a creerlo. Tras esto llega la evitación, tratar de rehuir el contacto, y también el cambio de imagen: la mujer intenta desprenderse de aquello que cree que genera el problema: su atractivo físico. En esta fase, también, la indefensión de la víctima queda aprendida: sabe que no hay solución. El acosador se muestra arrepentido, le hace ver que la culpa ha sido de ella, que ha hecho las cosas mal, o simplemente se victimiza él… Pero es sólo una estrategia para volver a la carga».

En diciembre, meses después, mediante un whatsapp, el profesor le pide a A. perdón por sus «malas caras», que atribuye a «la tensión», la loa con un «no hay trabajadora que haya trabajado más en el aula», y remata: «Cuando crea que no me porto de manera correcta, dígamelo o ignóreme».

Esos mismos días él vuelve a las andadas y ella, cumpliendo con lo que Lorente le ha pedido, le echa en cara esa bipolaridad. «La verdad es que no creo que sea capaz de mirarla a la cara mañana. Espero que alguna vez me perdone todos los maltratos», le escribe de nuevo Lorente, supuestamente arrepentido.

«Aquí ya empiezan los mensajes raros», le dice A. a la perito de Igualdad. Comienza la cascada de correos de su jefe, en plenas vacaciones, porque «me reconcome esperar a enero para decírtelo», escribe él. En uno de ellos, Lorente «refiere de nuevo la vergüenza por el maltrato ejercido», le adjunta una Guía del acoso en el trabajo, «por si quiere denunciarle», y le dice que, «en caso contrario, en enero empezamos desde cero». A. comienza a «preocuparse por el tono íntimo, con referencias familiares, a supuestas persecuciones institucionales o temas íntimos de terceras personas».

Lorente, en definitiva, comienza a cruzar líneas rojas hacia la persona, no ya hacia la trabajadora. La insinuación sexual también se dibuja. El profesor, pretendidamente atormentado, le cuenta de forma confusa que en el pasado ayudó a «una amiga» que «sufría malos tratos» y que ella «empezó a quitarse el traje de baño» y que él vio que «tenía hematomas en el pecho y las caderas». Le escribe a A.: «Doce años después, yo me he convertido en esa persona que odié tanto, que maltrató físicamente a mi amiga. Y aunque yo no te he pegado físicamente, muchas veces los maltratos psicológicos son mil veces peores». De nuevo, la victimización: «Ahora que sabes mejor lo que realmente ha pasado, si quieres me perdonas, me ignoras o simplemente me das un puñetazo en la cara, lo que hagas me parecerá bien, aunque sólo sea por lo que te he ofendido durante estos meses».

El día de vuelta de vacaciones, él no aparece. Dice que «va a intentar recuperarse, y que si no se da de baja y busca tratamiento». Ella le contesta que no quiere líos, sólo «trabajar siete horas y volver a casa». Él, que de pronto se empeña en que le trate de tú y no de usted, la obliga a hacer con él cada mañana unas charlas, tête à tête, que llama «sesiones de comunicación entre los dos». «A mí se me ponían los pelos como escarpias», declara luego A. a la perito. «La tensión de la mandíbula, ya no sabía cómo apretar los dientes, pero me vi obligada a hacerlo. Sentía gran autoridad sobre mí. Todos los días, a las 7, cuando llegaba, estaba esperándome para tener la sesión de comunicación».

«Él cerraba la puerta del aula y a mí me sudaban las manos, las axilas y todo» en sesiones que «a veces se alargaban más de una hora», y en las que al final «quien hablaba ese día le hacía una pregunta al otro para ver si le había escuchado». En la primera sesión él le habla de «un club nocturno al que van chicos jóvenes».

¡Sé que estás sufriendo, y si te veo sufrir, me muero!

LAUREANO LORENTE, PROFESOR DE LA COMPLUTENSE

Él cuelga de pronto en su armario, para que ella lo vea, una foto plastificada de una imagen que ella había subido previamente a las redes sociales de Laura Luelmo (la joven violada y asesinada en Huelva en diciembre pasado), sustituyendo el No es no por la frase Si me quieres, por qué me maltratas. A. escribe entonces: «Llevo unos días que apenas me arreglo, el simple hecho de que él me pueda ver atractiva me da asco. En cuanto llego por las mañanas al vestuario me quito la barra de labios». Ella sólo quiere desaparecer. Cuenta después: «Aunque trabajaba de espaldas a él, sentía sus ojos clavados en mí».

Ella le habla todo el rato de «mi pareja, mi pareja» como «estrategia de evitación», dice la perito. El 24 de enero pasado, él le dice, según ella refleja en su diario: «¡Sé que estás sufriendo, y si te veo sufrir, me muero! He pensado en un familiar médico, por si quieres coger tres meses de baja. Te doy dinero si lo necesitas, pídeme lo que sea: 300, 500, 1.200 euros… Nunca te pediré que me lo devuelvas. Si necesitas hablar con alguien puedes llamarme a cualquier hora de la noche, si son las dos como si son las tres, como si me pides que vaya a por un caramelo a Cuenca. Me moriría si te veo sufrir. Te voy a dar las llaves de mi casa, vas allí, escuchas música y te relajas…».

«Era como si él estuviera dentro de mi vida y la estuviera manejando», dice ella luego. A finales de febrero ella coge un día libre; él le escribe 10 whatsapps a las 5.30 de la madrugada diciéndole que no tiene por qué volver al día siguiente, que ya encontrará a alguien que fiche por ella. Ella desinstala Whatsapp.

El 21 de marzo, según escribe ella en su diario, él le dice «que me va a pasar algo que me va a retorcer de dolor. Luego veo que en el ordenador pone Génesis 22 y habla de que Dios ordena matar al hijo de Abraham, que él mismo lo mate porque lo ama muchísimo. Me cago y digo: ¿pero este hombre de qué va?».

Pocos días después, en una escalada insólita, Lorente le dice a A., «entre lágrimas», que «lleva esperando a la mujer de su vida 23 años». El 29 de marzo «me dijo que el día que puse una foto en mi perfil besándose con mi pareja se le revolvieron las tripas».

Es el último día de A. en su trabajo. Se coge una baja y no regresa. Dos meses y medio después, él vuelve a escribirle: «No puedes hacerte un idea hasta qué punto estoy preocupado por ti. Por favor, dime algo». Ante el silencio de ella, pocos días después, un sábado, se planta en su casa. Le escribe: «Estoy delante del portal de tu casa. Sólo quiero hablar contigo cinco minutos. No vas a estar peor por perder ese tiempo conmigo, pero quizás te sirvan para algo. Sólo te pido 5 minutos, no tienes que decir nada, ni hace falta que te cambies». Baja el hijo de A., que le pregunta a Lorente, a quien la mujer nunca comunicó dónde vive, qué demonios hace allí: «Tu madre puede perder su trabajo, a mí no me queda mucho de vida», se sale el profesor por la tangente.

El chaval sube y aún el profesor se queda merodeando por el portal «al menos una hora». A. denuncia pocos días después ante Igualdad. Aporta un dictamen médico que acredita sus padecimientos psíquicos. Tiene ganas de llorar «todo el rato». Su vida afectiva y personal ha quedado arrasada, con datos que este diario no puede revelar para preservar su intimidad. La noche del sábado en que él fue a su casa, ella, medicada y «horrorizada», tiene la tentación de «quitarse de enmedio».

La Unidad de Igualdad interroga al profesor. Lorente alega que sólo quería ayudarla porque «está muy deprimida». Que fue a su casa porque «estaba cerca» y «se me cruzaron los cables». Admite que le dijo que le parecía guapa: «Me parece una chica guapa y se lo comenté». ¿Le dio las llaves de su casa? «Sí, para ayudarla».

La psicóloga describe cómo Lorente se niega a admitir que la trabajadora no quiere más contacto con él que el estrictamente laboral. Narra incluso cómo el profesor intenta actuar con ella como con A. «En determinado momento, él se levanta y dice: ‘Voy a hacer una cosa que va a parecer un poco obscena pero no va serlo’. Se pone de pie y empieza a desabrocharse el cinturón a escasos centímetros de la cara de esta perito, mientras digo ‘no, no, no’. Él repite: ‘Sólo quiero que mires esto, mira esto’ Se mete la mano en la cinturilla y me pide que mire en su interior».

Él quiere demostrarle que ha adelgazado por la tensión de su trabajo, pero la psicóloga ilustra así cómo Lorente invade su esfera personal como, sostiene, hizo con A. Lorente admite también que tuvo un pleito anterior por una situación similar, «que no llegó a nada». Este diario ha intentado sin éxito ponerse en contacto con el profesor.

Volvemos a la psicóloga Gutiérrez Salegui: «Es un caso claro de acoso vertical, de jefe a subalterna. Me acerco, me rechazas, te destruyo, te salvo: me perteneces. Se intercalan conductas de castigo con supuestos cariños, todo ello indeseado por la víctima. El mensaje es: ‘Dependes de mí’. Eso genera primero ansiedad, luego trastornos de sueño y alimentación. Luego, depresión».

FUENTE:https://amp.elmundo.es/papel/historias/2019/10/27/5db561aefdddff631c8b45cd.html

…

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad