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‘Entrevistas’ Category

Publicado en el suplemento La Otra Crónica, de El Mundo, 31.05.14.

Adelgazar: no existen los milagros
LAS DIETAS: EL NEGOCIO ENGAÑOSO DE MUCHAS FAMOSAS

– Caritina, Terelu Campos, Chabelita, son algunas de las “celebs” que anuncian productos 
– Se cobra hasta 60.000 euros por amadrinar un método para adelgazar 
– ‘Lo más grave es que se presten a vender algo que no está comprobado”, denuncian 
Seis marcas han presentado en el último mes nuevos productos con famosos

Pilar Vidal / José Luis Romo / Antonio Diéguez

Llega el verano y hay quien se prueba la ropa de la temporada pasada con aprensión. Ya es tarde para tomarse la operación biquini en serio, pero desde la televisión rostros famosos como los de Terelu Campos, Chabelita, Isabel Sartorius o Caritina Goyanes animan a perder peso de forma fácil y rápida. Por sus curvas no parece tan sencillo como explican pero, al menos, para ellas es rentable: tratan de quemar grasa mientras engordan su cuenta corriente. Las firmas dietéticas son conscientes de su poder de persuasión entre los consumidores y pagan hasta 50.000 euros a un famoso por anunciar sus productos. Esa cantidad es, por ejemplo, lo que Belén Esteban cobra por promocionar el control de peso de Biocyte, el método con el que intenta rebajar los 18 kilos que engordó con su rehabilitación. Aunque Jorge Javier Vázquez o Carlos Moyá han llegado más alto por anunciar productos de este tipo. 

BOMBARDEO MEDIÁTICO

En el último mes el bombardeo de famosas empeñadas en animarnos a ponernos en forma es constante. Hasta seis marcas han presentado actos, photocalls y campañas con su correspondiente madrina. La última cara conocida en sumarse a la cruzada antigrasa es la de la entrañable Caritina Goyanes. La que fuera musa de la dieta Dukan con escasa fortuna ha vuelto a la carga presentando la Banda Gástrica Virtual Hipnobanda. Se trata de un nuevo sistema basado en la hipnosis que no prohíbe alimentos, sino que enseña a comer sólo cuando se tiene hambre. Según dice a LOC, ha perdido 20 kilos en tres meses. “Para mí es justo la antidieta. A lo largo de mi vida he hecho todas las dietas y con ellas perdía peso pero, en cuanto las dejaba, sufría el efecto rebote. No me servían para nada”. Eso fue lo que le ocurrió con la Dukan. Recuperó los 26 kilos que perdió. Luego apostó por una dieta macrobiótica del doctor italiano Henri Chenot. Pasó dos semanas en el hotel Miramar de Biarritz, donde perdió ocho kilos gracias a la talasoterapia y a una dieta basada en proteínas y verduras. Sin embargo, asegura que la hipnosis es lo que mejor le ha funcionado: “No prohíbe comer nada, sino que simplemente pierdes el apetito y reeducas tu mente a comer cuando se tiene hambre”.

Con este historial yo-yo, recurrir a la hipnosis no parece descabellado. Sin embargo, Albert Lecube, coordinador del Grupo de Obesidad de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición)se muestra escéptico cuando LOC le pregunta por él. “Esta técnica cae por su propio peso”, dice inconsciente de su chiste involuntario. Tal y como cuenta, no existen los milagros. Perder peso es muy difícil y por eso la gente busca soluciones rápidas y que no supongan esfuerzo. “Este germen es el que hace que cada mes aparezcan varias fórmulas para adelgazar”, según Lecube. Y con ellas famosas dispuestas a poner su imagen pese al efecto negativo que puede causar en la población.

La psicóloga Ana Isabel Gutiérrez acaba de publicar el libro Consume y calla en la Editorial Foca (muy irónico, sí). Para ella, la hipnosis que promociona Caritina “es un timo” y cree que aunque haya recibido una contraprestación económica por ser su imagen no debería seguir defendiéndola. “Hay mucha gente que va a ser víctima de este engaño. Afortunadamente, la hipnosis no tiene efectos secundarios pero hay otras dietas que anuncian los famosos que sí repercuten sobre la salud”. Precisamente, el anterior pagador de Caritina, Pierre Dukan, fue expulsado del colegio de médicos francés a principios de año por promocionar su polémica dieta, que puede causar importantes desequilibros en el organismo. 

NEGOCIO MILLONARIO

Los productos alimenticios y medicinales pensados para perder peso mueven cada año más de 2.000 millones de euros, según cálculos de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD). Una cifra in crescendo cada año. La organización ha calculado que una persona gasta entre 80 y 90 euros en productos dietéticos cuando comienza una dieta y en España, una de cada cuatro personas quieren adelgazar. Al comienzo de la crisis, en 2009, la empresa de medición de mercados Nielsen calculó que las compañías de este sector facturaron 224 millones. Y este business no se ha deshinchado. 

De ahí que las famosas patrias pasadas de kilos (o no, las delgadas también las anuncian como si lo necesitaran) hayan encontrado una nueva fuente de ingresos anunciando dietas. Recapitulemos. Desde que Rocío Carrasco la hiciera famosa, la Dieta de la Alcachofa ha reclutado a Jessica Bueno, Sonia Ferrer, María José Campanario, Carmen Martínez Bordiú, Toñi y Encarna Salazar y, por último, Chabelita Pantoja. A los reductores de peso y volumen se han apuntado Isabel Sartorius, Rosa de España, Terelu Campos o Vicky Martín Berrocal. 

Jorge Javier Vázquez después de ser muso de Obergrass y Weight Watchers, ha prestado su imagen a dos libros publicados por esta dieta americana, con la que el catalán se ha desprendido de siete kilos. En su pasada convocatoria con el método “Entulinea” de Weight Watchers, Jorge Javier analizó con LOC este boom de celebrities antigrasa y declaró que no hay que sentir pudor a la hora de aceptar estas ofertas publicitarias. “Cuando uno es consciente de que no es perfecto, se puede luchar contra eso”. Otra cosa son los desiguales resultados que esta listas de famosos han obtenido con los productos que anuncian… 

RESPONSABILIDAD SOCIAL

Según prosigue la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez, “en este país se ha sobredimensionado el tema del famoseo y, si lo dice un rostro conocido, la gente ya cree que es verdad. Lo más grave es que se presten a vender algo que no está comprobado o que ni siquiera ellos mismos han probado, a los demás. Deberían cuestionarse la responsabilidad social. Es como si yo, que soy psicóloga, en lugar de tratar a enfermos, tratara a sanos también. Hay que rescatar la ética, un concepto abstracto y perdido”.

Dietas y productos milagro también son cuestionados por el doctor Lecube. “La Dieta de la Alcachofa… pues lo mismo que si yo pongo pepino, puedes inventarte la que quieras con cualquier alimento; piña, zanahoria… Tomando pastillas de alcachofas no adelgazas. Las de alcachofa no te hacen daño, pero hay multitud de píldoras que nadie sabe lo que llevan y que se venden como complementos nutricionales. Los permisos para comercializarlos son más laxos que los fármacos”, explica.

Entre las famosas abundan los ejemplos poco éticos, Marisa Jara presentó 4321 Slimexcell en marzo de 2011, aunque antes perdió los 10 kilos con una dieta. Su separación con Chete Escribano motivó aquella contratación, con la que se embolsó 4.000 euros. Por su parte, Marina Danko, recién separada de Palomo Linares, en marzo de 2012, presentó los ultradrenantes de 4321 y por ello ganó 6.000 euros. Ciertamente se la vio más delgada. Sin embargo, confesó que su bajada de 9 kilos se debió a los disgustos. 

A ambos ejemplos se les puede considerar tramposos aunque hay otros que resultan directamente ineficaces. ¿Recuerdan a Carmen Martínez Bordiú promocionando La dieta de la Alcachofa en 2012? Prometió que bajaría varias tallas, sin embargo sigue manteniendo un aspecto muy saludable. En el mismo saco podríamos meter a Kiko Rivera que en diciembre dijo que bajaría 11 kilos gracias a los beneficios de Cardo Marian y todavía no hemos apreciado ningún síntoma de sus progresos. Aunque quizás el caso más paradigmático de todos sea el de Caritina, que lleva toda su vida a dieta (y promocionándolas) sin conseguir su anhelada esbeltez.

LA ESPERANZA

En la larga lista de famosas que han promocionado estos productos, quizás el único caso que da lugar a la esperanza sea el de Rosa López, también conocida como Rosa de España. La ganadora de Operación Triunfo sufrió un cambio físico espectacular que la llevó a posar incluso en las páginas de la revista erótica Primera Línea. Ha bajado 40 kilos en cinco años gracias, según ella, a las pastillas XL-S Medical. Le pagan 30.000 euros al año por ser su imagen. Sin embargo, los médicos insisten en que sin una dieta equilibrada y un ejercicio continuado esto hubiera sido imposible. 

En este adiposo panorama no todos los famosos se animan a la promoción de dietas. La actriz Teté Delgado, por ejemplo, se muestra partidaria de aquel refrán que reza: “El mejor aderezo es la carne sobre el hueso”. A pesar de su popularidad, nunca se ha prestado a cobrar por este tipo de productos aunque haya hecho dietas. Por su parte, Fernando Albizu que estrena la próxima semana obra en Microteatro Por Dinero (Madrid) ha sido una de las grandes revelaciones de esta temporada televisiva gracias a su agilidad para la danza en Mira quién baila. Sus más de 100 kilos no le impidieron atreverse con la rumba, el breakdance o el chachachá y, aunque quiere adelgazar por salud, tiene clara su postura. Nunca cobraría por promocionar un producto que no fuera eficaz. “Primero lo probaría. Si funciona, claro que lo haría. Pero en caso contrario, no porque sé lo duro que es adelgazar”. De hecho, él nunca se ha dopado con complementos ni pastillas. “Yo pesaba 160 kilos y quería estar sano. Para eso hay que hacer dieta equilibrada y deporte. Yo nací gordo y moriré gordo. Soy grandón”. A veces, sólo queda el estoicismo… y la fuerza de voluntad. 

TERELU CAMPOS: 50.000 EUROS Y POCOS RESULTADOS

El pasado mes de febrero, Terelu Campos (48 años) se propuso perder 10 kilos con Redu Peso, una firma que le pagó 50.000 euros por la campaña. Han pasado tres meses y la presentadora prefiere no hablar de kilos perdidos. “Yo les dije a los de Redu Peso que no voy a hablar de kilos. Creo que pertenecen a mi intimidad y me interesa más el volumen que he perdido que el peso. También he ganado kilos porque he musculado más, que he estado dos horas en el gimnasio durante tres meses. He perdido ocho centímetros”. Curiosamente, en la fotografía que ilustra la promoción de Redu Peso, ese contorno perdido parece más bien obra del photoshop. Pero la presentadora parece ajena a las críticas: “Con lo mayor que soy, me da igual lo que piense la gente. Prefiero perder ocho centímetros que cuatro kilos. Yo no tengo una meta, sino que quiero verme físicamente bien. También soy consciente de que no tengo 30 años. Ahora quiero verme bien y fuerte”. Por eso, Terelu se muestra muy interesada en el deporte últimamente. La revista “¡Hola!” incluso la relacionó con su entrenador personal, José Valenciano, algo que ella califica como «demencial» aunque se niegue a desmentir la relación. “Tampoco afirmo nada”, desliza misteriosa. Quizás con sus amores pueda jugar al despiste pero con los kilos… la báscula no engaña. 

CHABELITA PANTOJA: 30.000 EUROS PARA NUEVOS PECHOS

A sus 18 años, la hija de Isabel Pantoja ha abrazado el estrellato mediático con ganas. Después de su sorpresivo embarazo, Chabelita quería recuperar la línea y LaDieta de la Alcachofa le propuso sumarse a su plantel de famosas, con el morbo añadido de que su ex cuñada Jessica Bueno hubiera sido su predecesora en el cargo. El pasado martes 20 acudió a un photocall de la marca y, por la promoción, ha cobrado unos 30.000 euros. Una importante suma de dinero que en parte ha sido destinada para una operación de cirugía estética. Concretamente, un aumento de pecho. La hermana pequeña de Kiko Rivera pasó por quirófano el lunes y ahora se encuentra recuperándose de la intervención. Gracias a este paso, la nueva it girl de la prensa rosa ganará unos centímetros en la parte superior de su anatomía (algo que ella siempre había deseado) y si se emplea a fondo disminuirá otros centímetros en la parte inferior. Según ha podido saber LOC, la tonadillera está muy preocupada por este deambular de su hija adoptiva en el que ya se ha topado con el lado oscuro de la fama. El día que Chabelita presentó La Dieta de la Alcachofa ninguna marca de moda quiso dejarle ropa para la presentación. Finalmente, su estilista tuvo que recurrir a un modelo de ZARA para ese mono y cinturón tribal que se puede ver en la imagen. Quizás un nuevo cuerpo ayude a que las firmas de moda también la quieran fichar.

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Publicado en La Región de Ourense, 20.05.14
Experta en trastornos alimentarios


ANA GUTIÉRREZ: “LO ‘LIGHT’ NO ADELGAZA, SÓLO REBAJA CALORÍAS”

La autora de “Consume y calla” asegura que “ahora vamos al súper como si fuera una farmacia”

Pacientes con alteraciones alimentarias y alumnos de ciencias sanitarias con dudas sobre productos “milagros”, fueron el germen para que Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga y experta en trastornos alimentarios, decidiera investigar para acabar publicando el libro Consume y calla. Alimentos y cosméticos que enriquecen a la industria y no mejoran nuestra salud, en el que desvela las trampas a las que están sometidos los consumidores. “Que la gente tuviera dudas lo comprendo, pero que alumnos míos de enfermería me preguntaran sobre dietas milagro y productos de ese tipo, me pareció terrible. Porque el problema no es sólo su ineficacia, como los absorbegrasas, sino que pueden perjudicar a la salud, porque si tomas fármacos, parte del medicamento se puede ir con estos productos”, afirma. El problema para esta psicóloga, que formó a sanitarios en el Colegio de Enfermería de Ourense, “es que la mayoría de las cosas son medias verdades y medias mentiras. Un producto que pone sin grasas no miente, pero seguro que tendrá una auténtica burrada en azúcares. Lo light no adelgaza, sólo rebaja en un 30 por ciento las calorías, pero unas patatas fritas con 700 calorías siguen siendo muchas”, explica Ana Isabel Gutiérrez. 


Parte de la trampa está en el lenguaje que se utiliza: “Por ejemplo, en cosmética se usan palabras que nadie entiende, y se cobran auténticas burradas por productos cuya eficacia no se ha probado. Se habla de estudios que no existen, porque si vas a las letras pequeñas, ves que pone que a ellas les parece que les quitan las arrugas. Las investigaciones nuevas que se hacen cada año no son tales, porque una investigación seria tarda muchos años en ser efectiva. Debemos recuperar el sentido común. Si hubiera un anticelulítico que funcionara, ya nos habríamos enterado”, señala. 

Esta psicóloga está convencida de que “ahora estamos mejor desinformados. Hablamos de fitoesteroles u omega 3, sin saber qué significa realmente, pero como es una palabra técnica creemos que es algo bueno, es esnobismo”. Y añade que “es vital aprender a leer las etiquetas. Los productos que menos nos tienen que preocupar son los de menos etiqueta: pescado, carne, fruta y verdura”. Para Ana Isabel Gutiérrez, el problema es que “vemos muchos anuncios y pocos informes de salud. Por ejemplo, los productos con bífidus no hacen nada por el sistema inmunitario, es mucho más efectivo comer un plátano. Lo peligroso de todo esto es que dejamos de tomar la alimentación básica, creyendo que estamos cubiertos con estos productos, y de ahí pueden venir las carencias. Estamos yendo al supermercado como quien va a la farmacia, y no puede ser”.

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Publicado en Deia, 04.05.14,  Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Navarra, 05.05.14.

Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga experta en trastornos de nutrición

“LOS ALIMENTOS ENRIQUECIDOS CON BÍFIDUS O CON OMEGA 3 SON UNA TRAMPA, NOS ESTÁN VENDIENDO COMIDA FICCIÓN”

Yogures, cereales, batidos, leches, margarinas… Infinidad de productos son descritos ahora como saludables o funcionales. Pero ¿de verdad lo son?

Concha Lago.

Dicen que mejoran las defensas, disminuyen el colesterol, controlan la hipertensión arterial, aportan fibra, Omega 3, vitaminas o calcio… Se han convertido en las líneas de negocio más rentables para sus empresas y su consumo se ha disparado. La psicóloga guipuzcoana y experta en trastornos alimentarios, Ana Isabel Gutiérrez Salegui, autora del libro Consume y calla, (Editorial Foca) cree que no son necesarios y por eso destapa las medias verdades de una industria que se lucra con productos pretendidamente saludables.
¿Por qué hay que desenmascarar a la industria alimentaria?
 
– Porque los supuestos beneficios de los alimentos enriquecidos con bífidus, con Omega 3 o con isoflavonas son una trampa, nos están vendiendo comida ficción. Las empresas utilizan múltiples trucos que juegan con la sintaxis, las palabras o las imágenes para que el mensaje percibido por el consumidor sea el que les interesa. Si mientras anuncio algo me acaricio con una sonrisa la tripa y digo que me siento ligera, ¿qué entienden? Está prohibido decir que algo alivia el estreñimiento, pero no está prohibido acariciarse la barriga y así el telespectador entiende un mensaje que no es el que se emite.
 
¿Nos toman el pelo?
 
-Sí, y estamos perdiendo mucha calidad de vida porque estamos obsesionados por lo que comemos, cómo lo comemos y cuándo, y dejamos de cuidarnos correctamente. Estamos inmersos en una especie de círculo vicioso y perverso que nos presiona de forma brutal para que estemos delgados, jóvenes y sanos.
 
A ver, dispare. ¿Qué pasa, por ejemplo, con los bífidus?
 
– Pues que es mentira que beneficien al sistema inmunitario. La Agencia de Seguridad Alimentaria europea no reconoce absolutamente nada de eso. ¿Cuántos de esos productos con bífidus llevan el aval del Colegio de Médicos? Ninguno.
 
También se anuncian zumos con el 0% de grasa.
 
– Otra mentira porque para empezar los zumos no tienen por qué tener grasa. Y luego nos encontramos con que zumos pequeños, individuales, tienen 36 gramos de azúcar. 0% de grasa no significa 0% de azúcar. Y nadie se lee una etiqueta nutricional donde figura que te vas a meter dos cucharadas de azúcar.
 
Está la gran filfa del Omega 3.
 
– La fuente natural del Omega 3 es el pescado azul, las nueces… Una sola sardina en lata tiene el equivalente a cuatro litros de leche enriquecida con Omega 3. Es fácil tomar una sardina pero ¿y toda esa leche?
 
Los supermercados están llenos de los llamados productos light.
 
– Pero no son más sanos ni sirven para adelgazar. El concepto light significa exclusivamente que tiene un 30% menos calorías que el producto original, cosa que no todos cumplen. Si un bollo tiene mil calorías, el bollo light tiene 700 y es hipercalórico.
 
O sea que un batido enriquecido nunca sustituiría un gazpacho.
 
– No. Eso también lo dice el Ministerio de Sanidad pero las empresas de alimentación manejan presupuestos brutales de publicidad y nos bombardean a anuncios, mientras que los comunicados que sacan las asociaciones médicas o el Ministerio no los lee nadie.
 
¿Un marmitako es lo más sano del mundo?
 
– Sí y lleva patatas, pimiento, bonito, aceite… Tomamos hidratos de carbono, proteínas, vitaminas y antioxidantes… Es saludable, saciante, pero la carga calórica no es alta. Todo lo contrario que una ración de pizza con un montón de grasas saturadas y ninguna vitamina.
 
Hoy también está muy presente la leyenda de ‘sin gluten’.
 
– El gluten no es malo, solo perjudica a las personas que tienen intolerancia al gluten. Pero cada momento tiene que tener una moda para que las empresas que comercializan esos productos salgan ganando.
 
Vamos al mercado pendientes de las etiquetas ‘bio’ y ‘eco’.
 
– Así nos metemos en trampas que pueden perjudicar nuestra salud. Vas al súper y coges una margarina enriquecida con no sé cuántas vitaminas pero que no es buena para la salud. Entre la margarina y el aceite de oliva, elige el segundo. Además, el problema viene de la confusión con el concepto natural, que no requiere ningún tipo de cumplimiento normativo y que se puede poner en cualquier artículo. El colmo de la tomadura de pelo es que, además nos cobren un montón de dinero por eso.
Y encima nos atiborramos a suplementos nutricionales.
 
– Con una dieta normal no tienes por qué tener ninguna carencia. Los suplementos no son necesarios si la alimentación es completa y equilibrada y la persona está sana. Incluso pueden llegar a ser peligrosos. La gente no sabe que puede haber hipervitaminosis.
 
Sin embargo vivimos en una cultura del infrapeso.
 
– Sí porque encima se considera gordo a los delgados. Tengo amigos de 40 años con una talla 42 que se consideran gordos y eso es falso, pero es una creencia social. En el libro aparece el término gordofobia para referirse a la obsesión de la sociedad occidental por la delgadez y por la perfección física, que constituye el Santo Grial del siglo XXI. Un público perfecto para un mercado que genera miles de millones de euros.
 
También habla del fraude de cremas que nos hacen parecer eternamente jóvenes.
 
– Sí y eso que no hay nada que actuando desde fuera puede eliminar una arruga.
 
Usted titula ese engaño del ‘bálsamo de Fierabrás a las nanoesferas’.
 
– Es que también nos están vendiendo cosmética ficción. Esta crema se mete dentro del núcleo de tú célula…, dice el anuncio, y pagas 150 euros por un botecito. Eso es imposible porque si eso fuera así no sería una crema, sería un medicamento. Si quieres estar guapa; échate protección solar, bebe el agua que debes, aliméntate bien y descansa. No existen los milagros.

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Publicada en Diario Enfermero, 29.04.14

Con nombre propio
ANA ISABEL GUTIÉRREZ SALEGUI

Es psicóloga y técnico especialista en trastornos de la conducta alimentaria, y desde el año 2004 es integrante de la Comisión de Violencia de Género del Consejo General de Enfermería. Además colabora como profesora en la Escuela de Ciencias de la Salud y acaba de publicar un libro titulado Consume y calla. Alimentos y cosméticos que enriquecen a la industria y no mejoran nuestra salud, de la editorial FOCA.
 
En él, a través de un minucioso análisis de la publicidad sobre alimentación y cosmética, Salegui intenta desvelar los trucos, verdades a medias, manipulaciones y vacíos legales que rodean a este tipo de marketing. Su objetivo es concienciar al consumidor de que las trampas de la industria tienen consecuencias nefastas para su bolsillo y, sobre todo, su salud.
 
“Las industrias son empresas y su objetivo es ganar dinero, el problema viene cuando se pisan fronteras éticas. Hay cosas con las que no se debería poder jugar, y una de ellas es la alimentación, que repercute directamente en la salud”, ha explicado Salegui en una entrevista a Diario Enfermero. Como ejemplo, menciona el caso de la publicidad de alimentos dirigida a niños: “Es muy preocupante que se enfoque la publicidad de alimentos a los niños, que no tienen conocimientos para tomar decisiones sobre qué quieren comer o merendar. Sin embargo, hay estudios que demuestran que desde los dos años los niños no sólo son capaces de distinguir marcas de productos, sino que además deciden un 30% del carro de la compra en casa. Eso se consigue con dibujos y no con calidad nutricional. Los niños no deberían ser abducidos por un mundo de dibujos animados cuando tenemos un 40% de obesidad infantil y unas tasas de diabetes tan preocupantes”, explica Salegui.
 
A su juicio, y aunque pueda parecer contradictorio, aunque nos encontramos en el momento de la Historia en que más hablamos de salud y nutrición, eso no es sinónimo de más información: “Hay un bombardeo de información sesgada, pero no se hacen modelos de prevención ni educación para la salud. Lo que tenemos es un batiburrillo de palabras que nos deslumbran, como ‘oligoelemento'”.
 
¿De quién podemos fiarnos, entonces? Salegui explica: “Te puedes fiar del frutero, del carnicero, del pescadero de tu barrio, porque sabe que si te da algo de mala calidad, vas a tardar muy poco en difundirlo por el barrio. Podemos fiarnos de los comercios de toda la vida y de los alimentos que no son procesados por la industria, las cosas que compramos en estado natural. Quien hace la ley hace la trampa. La industria alimentaria busca mensajes ambiguos desde el punto de vista del análisis legal, de manera que es posible que el texto no cometa ninguna infracción aunque el mensaje que reciba el consumidor sea completamente distinto. En nuestro país todo esto se pasa bastante por alto, hasta que vienen los problemas graves”.

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 La 2 Noticias, el informativo nocturno que presenta Mara Torres en TVE, dedicó el pasado 28 de abril de 2014 un reportaje a los contenidos del libro Consume y calla sobre alimentación, con entrevista a su autora Ana Isabel Gutiérrez Salegui. 
La 2 Noticias se define como el “informativo de cierre de La 2 que se acerca a la actualidad desde un prisma muy particular”. “Rompe la estructura de los clásicos telediarios y se hace eco de noticias sociales, culturales y de ciencia y ofrece entrevistas”. De esta forma, cada día ofrece “con un estilo fresco y rompedor” el “análisis de la actualidad de la jornada desde una óptica diferente”. 
En esta ocasión, su forma de abordar la temática del libro fue acercarse a un mercado tradicional de Madrid y hacer visible de forma didáctica que en los alimentos naturales se encuentran los elementos necesarios para una alimentación sana, sin recurrir a los costosos -y a menudo engañosos- “alimentos funcionales” con “suplementos nutricionales”.

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Publicado en Voz Pópuli, 27.04.14

¿SABES LO QUE COMES? ASÍ NOS ENGAÑA LA INDUSTRIA CON PRODUCTOS QUE NO MEJORAN NUESTRA SALUD

Miles de anuncios pasan cada día delante de nuestros ojos prometiéndonos estar más delgados, ser más guapos y combatir las arrugas con cremas milagrosas. Un libro sobre esta problemática consumista alerta de las mentiras a las que nos somete la publicidad día tras día.

Una simple sardina contiene el mismo Omega 3 que seis litros de la leche que se vende con este ácido graso. Un tetrabrick de zumo para niños contiene un extra de energía o lo que es lo mismo, un 30% más de azúcares añadidos. Pastillas para adelgazar, pastillas para tener la piel más suave, pastillas para todo. Y mentiras, muchas. Así lo recoge el libro de la psicóloga Ana Isabel Gutierrez Salegui Consume y Calla (Editorial Akal), en un intento de desenmascarar a una industria que, además de lucrarse con ello hasta extremos insospechados, tiene buena parte de responsabilidad en las “enfermedades de la sociedad occidental”. 
Y lo hacen a través de trucos que, según señala la autora a Vozpópuli, lo que provocan es que “nos sintamos a disgusto con nuestro cuerpo porque nos ofrecen una información sesgada de la realidad”. Y es que, a menudo, la publicidad a la que nos somete la industria no es del todo cierta ni del todo fiable. Gutiérrez Salegui, a través de las 358 páginas de su libro, expone una multitud de ejemplos en los que alenta al consumidor a pararse a pensar acerca de los ingredientes de los productos que consume. 
Una de las principales razones por las que, asegura, nos engañan radica en que “se aprovechan de que la gente no tiene conocimientos científicos y se inventan palabras que ni los expertos saben definir”. “Ejemplos como ‘saciactiv’, que no es nada”, dice, provocan que la gente piense que es algo novedoso que se ha descubierto. Las medias verdades hacen que desaparezca la información que ocultan. “Los anuncios cuentan una historia en muy poco tiempo pero no dan informaciones fiables”. 
“LA IMAGEN DEL ÉXITO ES LA DELGADEZ”
La perspectiva desde la que escribe no es la de una publicitaria, ni nutricionista, ni médica, sino desde el punto de vista que tiene como psicóloga de trastornos alimentarios. “Querer el mismo cuerpo a los 15 que a los 40 no puede ser”, dice. Entonces, ¿a quién le interesa que nos obsesionemos con esa problemática? Las mismas empresas que te venden snacks hipercalóricos tienen también productos light y para adelgazar. “La jugada es redonda”, dice la autora.
 “Así, ideas irracionales, verdades a medias, mentiras completas, señuelos pseudocientíficos y palabrería de bata blanca sobre dietas, alimentos, nutrientes o cosmética, son la tónica general de un mercado que mueve miles de millones de euros y en el que la mayoría de las personas desconocen que, a pesar de estar gastando muchísimo dinero en cuidarse manteniéndose ‘sanos y delgados’, en realidad están, en muchas ocasiones, asumiendo riesgos que ignoran o directamente socavando su salud y minando su economía”. 
De hecho, esta semana la OCU acusaba a dos laboratorios de influir en la compra de un producto mucho más caro. A juicio de OCU, estos dos gigantes farmacéuticos, productores de Avastin y Lucentis, dos medicamentos válidos para el tratamiento de la degeneración macular húmeda, parecen haberse puesto de acuerdo para diferenciarlos artificialmente. Así, Avastin, el fármaco más barato, es presentado como un producto más peligroso que Lucentis, con el fin de influir en las prescripciones de los médicos y servicios de salud. Lucentis es 100 veces más caro. 
Por su parte, la autora no se muerde la lengua y cita en su dedicatoria a las grandes multinacionales alimentarias y cosméticas sin las cuales “este libro no habría sido posible”. Son ellas, precisamente, las que tienen un interés máximo en lucrarse pase lo que pase. “Nos olvidamos de que las industrias no son ONGs y para ellos lo más importante son los balances de resultados”, confiesa la autora a Vozpópuli. 
LA LETRA PEQUEÑA DEL TESTADO CLÍNICAMENTE
En ocasiones, las cremas que se venden asegurando que rellenan las arrugas están solamente testadas en larvas. “No hay estudios fiables; son opiniones. No se puede basar un estudio de una crema sobre larvas o sobre 28 personas. Mi piel no es la de una larva”, dice la autora. 
Uno de los casos más graves con los que se ha topado en su investigación ha sido un dato de hace siglos. “Desde el punto de vista de la cosmética, descubrí que un maquillaje hizo desaparecer a toda a una casta, se extinguió. ¿Quién nos dice a nosotros que todas esas cosas que nos echamos en la cara no nos puede suponer algo a largo plazo?, se pregunta, no sin antes advertir de que ella no es un “talibán” y que solo quiere “que no se engañe a la gente”. 
Y es que en la industria cosmética hay muchas trampas, confirma a este diario Gutiérrez Salegui. A través de su estudio de la letra diminuta de los anuncios ha encontrado casos que rozan la ilegalidad. Por ejemplo, en un anuncio de una crema para la cara se asegura que “el 72% de las personas de tu entorno notará tu piel más joven y revitalizada”. Con esta afirmación, ¿cómo saben lo que pensará la gente? 
Aunque, en principio, pueda parecer que hay una grave desprotección ante la publicidad que nos bombardean, países como Inglaterra o Francia han sido muy tajantes a la hora de prohibir cierto tipo de argumentos utilizados en sus productos. Danone, por ejemplo, tuvo que eliminar los anuncios en los que se afirmaba que Activia y Actimel ayudan a aliviar el estreñimiento o son buenos para el sistema inmunitario. En Estados Unidos han sido multados con 21 millones de dólares por exagerar los beneficios de ambos productos. Y en Francia, una marca de cereales fue condenada por publicidad engañosa al demostrarse que era mentira que tuvieran un 0% de materia grasa. 
En definitiva, Consume y Calla consigue remover conciencias y deja clara una cosa: una simple fruta es infinitamente más sana como postre que cualquier producto procesado. 
(Fotografía: GTRES. Ilustración original del artículo en Vozpopuli.com)

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El programa de TVE La aventura del saber, dedicado a la formación y la divulgación, también se ocupó del libro Consume y calla, del que es autora Ana Isabel Gutiérrez Salegui.
El reportaje se emitió el pasado 22 de abril de 2014, dentro de la sección Noticiario Cultural Iberoamericano de este galardonado espacio matinal de La 2.

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El pasado 22 de abril, el programa Para Todos La 2 de TVE emitió esta entrevista con Ana Isabel Gutiérrez Salegui sobre su libro Consume y calla, “que desvela y explica los trucos a los que recurre la mercadotecnia alimentaria y cosmética, las verdades a medias, las mentiras completas, las manipulaciones de los resultados de las investigaciones y los vacíos legales que lo permiten” .

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El pasado 15 de abril la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui fue entrevistada por Inma Gómez Lobo en el programa  La Tarde en 24 horas, dentro de la sección de Economía. La conversación en este canal informativo del grupo RTVE se centró en los contenidos de su libro Consume y calla, que denuncia la publicidad engañosa de determinados productos de alimentación y belleza.  

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Publicado en La Información, 12.04.14

LOS “ALIMENTOS FUNCIONALES” QUE NO FUNCIONAN
Luz Sela
  • La psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui desmonta los productos que “enriquecen a la industria y no mejoran nuestra salud”.
  • “Nos han hecho creer que el que no se cuida a día de hoy es como un toxicómano de los años setenta”, sostiene la autora. 

Somos lo que comemos. Cuántas veces hemos escuchado esta frase. Pero si hacemos un recorrido por las estanterías de un supermercado, lo que comemos tiene más que ver con el aire que con otra cosa.
 
Con bífidus, con Omega 3, sin colesterol ni grasas saturadas, sin gluten, libre de lactosa, ayuda a reforzar nuestras defensas… Son las etiquetas con las que nos bombardean día a día. Parece que los productos normales han dejado de serlo y que para resultar atractivos tengan que presumir también de supuestas bondades que, en realidad, no tienen, pero con las que “engañan” al consumidor para incentivar su compra.
 
Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga experta en trastornos de la conducta alimentaria, se encarga ahora de desmontarlos en un libro cuyo título advierte ya de lo que vendrá después, Consume y calla (Editorial Foca), en el que desenmascara a una industria a la que responsabiliza de “las enfermedades de la sociedad occidental”. Diabetes, hipertensión, bulimia, anorexia… Lo hace a través un trabajo pormenorizado en el que nos descubre los trucos y estrategias a los que recurre la industria alimentaria para crearnos la necesidad de consumir determinado tipo de productos.
 
Gutiérrez empieza a disparar. Le toca al Omega 3, tan pregonado en leches, yogures, embutidos e incluso huevos. “La cantidad que contienen estos productos es mínima en comparación, por ejemplo, con el que tiene una sardina, y el efecto en la salud también lo es. Tendríamos que tomar seis litros de leche para notar resultados. Pero, en realidad, se acaba perjudicando la salud, porque la gente deja de tomar cosas que sí son saludables y equilibradas, por ejemplo esa sardina”.
 
En este caso, los perjuicios para la salud vienen por defecto. Pero en otros, el consumo de ciertos productos sí se ha demostrado perjudicial por sí mismo. “Un simple diurético o laxante te puede acabar matando de una parada cardiaca si pierdes demasiado potasio”. Ambos productos se anuncian con tranquilidad.
 
En el acto de consumir entra en juego todo un aparato de la persuasión, más complejo de lo que pensamos. Y dentro de él, esta experta no se corta al hablar de responsabilidades. “Aquí tenemos una especie de círculo perverso, maquiavélico. Empieza en los medios, que nos presionan de forma brutal para que estemos delgados, jóvenes y sanos. El que no se cuida a día de hoy es casi el equivalente a un toxicómano de los años setenta”, lamenta Gutiérrez,
 
“Tenemos obsesión por estar jóvenes, guapos y sanos. Ese es el pack. Y esos mismos medios, nos publicitan además unos productos que nos prometen estar así. Nosotros, que tenemos el cerebro lavado, nos lo creemos, porque confiamos en que exista una regulación para que no haya mentiras, y nos fiamos también de las empresas y los establecimientos que nos lo venden. Si nos lo venden en farmacias, dices, esto tiene que ser bueno. No es que sea malo, pero bueno tampoco”.
 
De controlarlo se encargan ciertos organismos, como la Agencia Española del Medicamento o la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Esta agencia empezó en 2007 a realizar comprobaciones de los productos, ante el auge de estos alimentos funcionales y la preocupación de los consumidores por su efectividad. Algunas marcas se someten incluso voluntariamente a ellos, aunque el veredicto no resulte a veces de su agrado. Sólo en 2010, emitió un resultado negativo sobre más de 800 supuestas propiedades saludables de estos alimentos. En algunos casos, por no estar científicamente demostradas. En otros, por no ser suficientes para publicitarlas. Ocurrió, por ejemplo, con productos que decían ayudar a regular la tensión a través de los péptidos de la leche.
 
Uno de los casos más conocidos fue el que obligó a Danone a retirar su publicidad sobre los beneficios del Actimel en las defensas, por considerar que inducía al engaño. La empresa aportó varios estudios científicos para avalar el producto, pero finalmente acabó modificando su publicidad. Si bien dejando claro que no dudaba de su eficacia.
 
MENSAJES TRAMPA
 
Para esquivar posibles sanciones, los cerebros del márketing de estas empresas han elaborado toda una serie de “mensajes trampa”, capaces de situarse en la legalidad, consiguiendo en los consumidores el efecto deseado. “En la publicidad nos dicen… Cuida tu corazón. Pero en realidad nos están diciendo que lo cuides tú, no que lo cuide el producto. De esta forma, el mensaje que emiten puede ser perfectamente legal, pero el que la gente comprende es totalmente distinto”, dice Gutiérrez, apuntando a un caso fácilmente reconocible. “Todos conocemos un anuncio de un embutido que lleva un corazón dibujado. Esto es legal, no nos está diciendo nada, pero la gente lo interpreta como que es bueno para el corazón”.
 
La picaresca reside incluso en el tamaño de las letras. Así, la parte del envoltorio o de la publicidad donde se nos dice que el producto no tiene ciertas propiedades está escrita en caracteres diminutos y en un color que no contrasta con el fondo. La ley lo permite, claro, pero se trata de algo de dudosa moralidad de cara al cliente.
 
“Hay anuncios que permite la ley, otros que cumplen la normativa pero inducen al engaño y luego hay muchos otros que directamente vulneran la normativa existente en materia de publicidad alimentaria”, sostiene la autora.
 
Así, por ejemplo, la normativa prohibe que en la publicidad de alimentos salgan médicos, “o gente que parezca médicos, aunque sean actores”… pero todos conocemos casos en los que sí aparecen. También están prohibidos aquellos que publiciten “seguridad de alivio o curación cierta”, sobre todo en temas de obesidad e insomnio. En muchos casos, esto se vulnera. “Son alimentos, no medicamentos, y por tanto no se puede decir que son terapeuticos para una enfermedad”. De hecho, ¿Cuántos llevan el aval del Colegio de Médicos? “Ninguno”, sentencia.
 
En otros casos, los productos son estafas en toda regla. “Son productos que anuncian: pierda 19 kilos en 10 días. Las fotos de antes y después y los testimonios de supuestos pacientes también están prohibidos”. Y basta abrir una revista para encontrarse con dos o más comerciales que ensalzan las virtudes de un producto para bajar de peso o mantener las arrugas a raya, amparándose en los testimonios de varios “supuestos” clientes.
 
VULNERAR LA LEY SALE MÁS BARATO QUE NO HACERLO
 
Aunque la normativa actúe, da la sensación, en cambio, de que vulnerarla sale a estas empresas más barato que no hacerlo, porque los ingresos obtenidos con estos productos superan ampliamente las cuantías de las multas. “Se suele decir que mientras la multa se abarata, a la industria le interesa arriesgarse”. Porque por el simple hecho de que un alimento ponga dos palabras, “sin gluten”, ya se da vía libre a cobrar más, aunque resulte un engaño. “Es como decir pera sin gluten y te lo cobramos más. La gente no sabe que las peras no tienen gluten, y se las coge por si acaso”.
 
Los mecanismos no resultan a veces suficientes para controlar todos los productos del mercado, y falta conciencia de consumo responsable. “El problema es que mientras en otros países, como EEUU, se denuncia de oficio y hay un seguimiento, aquí no pasa nada. Allí la gente ve algo y por sistema denuncia. Pero aquí tiene que ser algo bestial para que llame la atención”.
 
Así, recuerda, por ejemplo, el anuncio de una conocida marca de pasta donde se trasladaba que mientras las ensaladas se ponían mustias, los macarrones con verdura no. La Asociación de Usuarios de la Comunicación elevó una queja a la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Publicitaria por entender que se transmitía a los consumidores un mensaje que menoscababa “el crédito en el mercado de dicho tipo de ensaladas”. Casos como este son excepcionales.
 
¿Cómo evitar entonces que nos engañen? “Con más información y educación, y un control más estricto por parte de las instituciones. Una cosa es que te timen a nivel económico, pero esto puede tener consecuencias para la salud”, advierte, en referencia, por ejemplo, al auge experimentado en los últimos años en trastornos de anorexia y bulimia. “Lo raro hoy en día es tener gente normal. Tenemos obsesos, gente con trastornos de imagen. Estamos en una sociedad en la que comemos con culpabilidad. Y en este marco tenemos que tener mucho cuidado con este tipo de publicidad”. Se considera que en España existen más de 300.000 pacientes con este tipo de trastornos de la alimentación, una cifra que en los últimos años se ha multiplicado por diez.
 
En esta sociedad obsesionada que dibuja la autora, amenazan cada cierto tiempo determinadas fobias. “Durante un tiempo, las proteínas estuvieron demonizadas porque se pensaba que provocaban agresividad y todo tipo de enfermedades. Después, con la Dieta Dukan, le tocó el turno a los hidratos de carbono. Y ahora estamos con el gluten o la lactosa”.
 
EL PODER DEL LOBBY ALIMENTARIO
 
El poder de la industria alimentaria va más allá de dirigir nuestro brazo hasta un lugar determinado de la estantería. También está detrás de muchas de las regulaciones del sector. Basta un recorrido por las cifras para darse cuenta de su enorme influencia. Sólo las industrias agroalimentarias -30.000 en España- facturan anualmente 84.000 millones de euros. “El lobby presiona contra las regulaciones. Pasó, por ejemplo, con la ley de alcohol de la ministra de Sanidad, Elena Salgado. La industria del vino hizo tal presión que no se llevó a efecto. Y era una campaña bastante adecuada desde el punto de vista de la salud pública, no por el vino en sí, sino, por ejemplo, por el calimocho, responsable de muchos problemas de salud que tenemos en los jóvenes por el botellón ”.
 
Salgado negó presiones, pero el proyecto quedó enterrado después de que en las sucesivas reuniones no se lograse un acuerdo con el sector vinícola, muy crítico porque no se les diferenciase del resto de bebidas alcohólicas.

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