La periodista de RNE Patricia Costa ha publicado en su blog, Asuntos Pendientes, una entrada con la transcripción del reportaje que elaboró para el programa del que es redactora, Tolerancia Cero, sobre el acoso laboral, con la intervención de la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui:
“Con él la relación al principio era buena, pero de golpe y porrazo cambió. No comprendía a que se debía, me descalificaba ante los compañeros, pero no le di mucha importancia porque lo hacía con muchos. Eso sí, no con todos. Lo que no sabía es que también lo estaba haciendo con nuestros superiores. Una vez envenenó a éstos, luego empezó a hacerme la vida imposible. Me mandaba cosas que no se correspondían con mi veteranía. En ocasiones rozaba la humillación. Aún así, aguanté, porque lo que pretendía era que me marchara. Lo último que hizo fue mandarme a escuchas telefónicas como castigo. Es lo que hacen cuando quieren amargar a alguien, aunque esto siempre lo negará. Se equivocó, porque yo consideraba ese trabajo importante, pero sií consiguió humillarme ante mis compañeros y seguía castigándome psicológicamente”.
“No sé que me pasó, exploté, me dirigí a ella como un loco diciéndole, ¿qué coño sabes tú de mi vida?, y así repetidas veces. Rompí a llorar como un niño. Me repetía que no era feliz y que no tenía ganas de vivir . Asusté mucho a mi madre, me tuvo que agarrar mi hermano. Me volví loco. Mis hermanos y me madre lloraban, no dejaban de acariciarme, besarme… me preguntaban qué me pasaba. Contesté que no era feliz y que odiaba mi trabajo”.
“Hoy me despierto a las nueve. Me noto el cuerpo agarrotado, con molestias en el cuello. No me apetece levantarme. Me viene a la cabeza que el próximo viernes debería presentarme en el trabajo. Otra vez mi cabeza dando vueltas, oigo y pienso las cosas como si no fuera yo. Se me encoje el estómago, voy al baño. Hago las heces como agua, a la vez que me dan arcadas continuas. Pensé que me ahogaba, me noto alta la taquicardia. Intento dar vueltas por casa, respirando profundamente. Me tomo una pastilla para la taquicardia y decido irme al gimnasio. Me veo incapaz de salir de esta mierda, me siento encerrado. Yo sólo quiero ser como antes, volver a ser responsable, tener alguna ilusión. No comprendo que me está pasando”.
“Si el psiquiatra quiere que me enfrente para ir superándolo, lo hare, pero lo hare con ellos, sobre todo con él. No tengo problema alguno, esta vez no me van a pisar, ni humillar. No van a ver al obediente, gilipollas de siempre, al sumiso, al enfermito de mierda actual…Van a ver a otro, que les va a decir a la cara lo que piensa de ellos, que no hacen nada ante tanto hijo de puta como hay, tratando a las personas como mierda, a su libre antojo…”.
“Salgo de casa. Cojo un autobús para ir a la consulta. Pasa por el edificio donde trabajaba. Cuando noto que me acerco se me encoje el estómago y me aumenta la sensación de mareo y angustia. Me suben las palpitaciones, cierro los ojos, trato de no pensar, cuento hacia delante, hacia atrás, para evitar los recuerdos, y ponerme nervioso. Pero me encojo en el asiento. Cuando ya he pasado trato de tranquilizarme con respiraciones profundas, pero no puedo evitar sentirme mal y muy abatido. Llego a Madrid, me pongo a andar, voy flotando y con angustia, como perdido. Siento molestias en la cabeza, en el cuello, en la espalda, estoy tenso. Deambulando me meto en el interior de una iglesia, allí rompo a llorar”.
…
