Una enfermedad puede dejar de transmitirse y seguir condicionando durante años la vida de quienes la padecieron. La filariasis linfática en Gambia permite comprender esta realidad: los avances epidemiológicos deben acompañarse de atención a las personas que continúan viviendo con sus consecuencias.
Esta cuestión centra el trabajo «Filariasis linfática crónica en Gambia: tres casos clínicos tras la interrupción de la transmisión. Proyecto sanitario», del que soy coautora junto con Isabel González Varas, María Álvarez Calleja, Óscar Hugo Martín del Barco, Raquel Pérez Arenas y Diana Castilla Perera. La comunicación fue presentada en el XIV Congreso de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional (SEMTSI), celebrado en Salamanca del 30 de septiembre al 2 de octubre de 2026.
Su título pone sobre la mesa una necesidad que merece mayor visibilidad: seguir cuidando cuando la transmisión se ha interrumpido.
Una enfermedad con consecuencias físicas, psicológicas y sociales
La filariasis linfática es una enfermedad parasitaria transmitida por mosquitos que puede dañar el sistema linfático. Entre sus manifestaciones crónicas se encuentran el linfedema, la elefantiasis y el hidrocele. Estas alteraciones pueden provocar dolor, dificultades de movilidad y limitaciones para las actividades cotidianas. La OMS reconoce también sus consecuencias sociales y económicas, que incluyen estigmatización, pérdida de oportunidades laborales y mayores gastos para las familias.
Desde la psicología, resulta esencial atender a cómo se vive esa transformación del cuerpo y de la vida cotidiana. Las dificultades para trabajar, participar en la comunidad o mantener la autonomía pueden acompañarse de vergüenza, preocupación y aislamiento. Una investigación cualitativa realizada con personas afectadas en Nigeria documentó sufrimiento emocional y experiencias de estigma y exclusión, y destacó la necesidad de proteger su derecho a la salud, incluida la salud mental.
La respuesta profesional debe escuchar cada experiencia y valorar sus necesidades. El acompañamiento psicológico, la información comprensible y el apoyo familiar y comunitario merecen formar parte de una atención integral.
Gambia: avances frente a la transmisión y necesidades que continúan
Gambia fue históricamente un territorio con una elevada presencia de filariasis linfática. Un estudio publicado en 2015, que reunió investigaciones realizadas entre 1997 y 2013 con más de 6.000 participantes, documentó la interrupción de la transmisión en los 21 distritos estudiados. Sus autores señalaron que el uso extendido de mosquiteras impregnadas con insecticida para prevenir la malaria pudo contribuir decisivamente a este resultado.
La base de datos de la OMS, con datos de 2025, clasifica a Gambia como país no endémico para esta infección. Sin embargo, esa clasificación no implica que hayan desaparecido las manifestaciones crónicas de las personas infectadas años atrás. El propio plan nacional gambiano sobre enfermedades tropicales desatendidas para 2023–2027 contempla reforzar la atención a la morbilidad y la prevención de la discapacidad asociadas a la filariasis.
La distinción tiene consecuencias prácticas: reducir la transmisión y atender las secuelas requieren actuaciones complementarias. Una persona con daño linfático crónico puede seguir necesitando cuidados aunque la situación epidemiológica del país haya mejorado.
La labor de AYEPU y el derecho a la salud
En este contexto cobra especial sentido la labor de AYEPU, asociación sin ánimo de lucro que trabaja para hacer efectivo el derecho a la salud, especialmente entre las poblaciones más vulnerables de Gambia. Entre las iniciativas que recoge su web figuran la educación en higiene, los cuidados de heridas y quemaduras y el acceso a medicamentos básicos.
Su trabajo de cooperación, descrito también por Fundación Communia, se apoya en el fortalecimiento de la Atención Primaria, la formación junto a profesionales locales y la educación comunitaria. Este enfoque busca que los conocimientos y las capacidades permanezcan en el territorio y contribuyan a sostener la atención.
Ese compromiso con la continuidad resulta especialmente relevante ante enfermedades cuyas secuelas exigen cuidados prolongados. La OMS señala que la higiene, el cuidado de la piel, los ejercicios y la elevación de las extremidades afectadas pueden reducir la progresión y las complicaciones del linfedema; la cirugía puede aliviar muchos casos de hidrocele. Facilitar el acceso a estos cuidados es una parte fundamental de la respuesta sanitaria.
Dar visibilidad también forma parte del cuidado
Participar como coautora en esta comunicación supone una oportunidad para contribuir a la visibilidad de la filariasis crónica y de las necesidades que persisten tras la interrupción de su transmisión.
También invita a reconocer el trabajo de quienes, como AYEPU y los equipos sanitarios locales con los que colabora, sostienen una cooperación orientada al derecho a la salud.
Los avances frente a una enfermedad deben reflejarse en la vida de las personas: en su acceso a cuidados, en su autonomía y en sus posibilidades de participar en la comunidad. Quienes siguen viviendo con las secuelas necesitan seguir presentes en las prioridades sanitarias.
