Mucho calor, mal humor
Como psicóloga, a menudo me preguntan cómo diversos factores ambientales influyen en nuestra salud mental y en nuestro rendimiento cognitivo. En mi participación en el programa Malas Lenguas de RTVE, tuve la oportunidad de abordar una cuestión que, aunque parece puramente física, tiene un impacto directo y profundo en nuestra mente: el calor extremo.
Es fundamental comprender que nuestro cerebro no es un ente aislado; es el órgano más exigente energéticamente de nuestro cuerpo y, como tal, es extremadamente sensible a las variaciones de temperatura. Cuando nos exponemos a un calor intenso de manera prolongada, el cuerpo prioriza la supervivencia, desviando recursos hacia funciones básicas de regulación térmica. Esto, irremediablemente, provoca una ralentización en nuestro funcionamiento cerebral.
Durante la entrevista, explicaba que este “enlentecimiento” no es solo una sensación subjetiva de pesadez o fatiga. Se traduce en una disminución real de nuestras capacidades ejecutivas: nos cuesta más mantener la atención sostenida, nuestra velocidad de procesamiento de información cae y la toma de decisiones se vuelve más costosa, lo que aumenta la irritabilidad y el riesgo de errores en tareas cotidianas. El cerebro, literalmente, se “sobrecalienta” intentando gestionar el estrés térmico, y eso tiene un coste cognitivo.
Es importante que empecemos a considerar la regulación de la temperatura no solo como una cuestión de confort, sino como una estrategia esencial para proteger nuestra claridad mental y nuestra salud psicológica durante las olas de calor.
Pueden ver el fragmento de mi intervención en el programa en el siguiente enlace:
[Ver mi participación en Malas Lenguas (RTVE)] https://stories.rtve.es/actualidad/newstory/malas-lenguas/fff5ba9e6272f5ae7b80
*(Nota: Aunque he abordado estos temas en diversas plataformas y foros de divulgación, les invito a ver la intervención completa para profundizar en cómo el entorno condiciona nuestra conducta).*
