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Por: Ana Isabel Gutierrez Salegui

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Categorías: Consumo

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12 de enero de 2015

Cosmética ficción

  • Algunos anuncios de cosméticos prometen mucho más de lo que sus productos realmente ofrecen
  • De hecho, algunas de estas promesas sugieren que los cosméticos actuarían como fármacos, lo cual sería directamente ilegal
  • ¡Vivir arruga! y lo mejor es asumirlo para aprender a hacerlo más llevadero
Ana Gutiérrez Salegui, Jordi Moya, Fernando Valladares
26/12/2014 – 19:10h
Cosmética
¿De verdad se creen que una crema que ustedes se aplican en la cara pueda enviar mensajes a su cerebro sin ser un fármaco? ¿ O que el ADN de una planta “penetre” a través de su piel y cambie el funcionamiento de las células de su epidermis, en cuyo caso actuaría como un virus?
¿O que active un gen como afirma una marca en su página web? La Tecnología Sirtuin facilita a la piel el tiempo crítico que necesita para mejorar sus funciones naturales de restauración. La tecnología SIRT-1 potencia la activación natural del gen de la longevidad, el SIRT-1, de forma que otorga a las células un tiempo extra para llevar a cabo sus funciones de reparación. Su efecto visible es que la piel adquiere un aspecto más radiante con el paso del tiempo.”
Efectivamente la sirtuina se postula como una nueva vía para retrasar el envejecimiento, al menos así parece demostrarlo las investigaciones realizadas en levaduras y ratones, pero usted no es ni lo uno ni lo otro, en humanos solamente hay hipótesis muy complejas sobre su posible papel en los mecanismos hipotalámicos relacionados con dietas restrictivas, algo que como pueden imaginar tiene muy poco que ver con la piel.
 ¿Y Qué les parece este texto de un blog de belleza de un conocido periódico?:
“La teoría es que las células de la piel, para regenerarse, dependen de señales eléctricas. Tras años de investigación, los científicos de Roc han descubierto la tecnología “e-pulse” (protegida por 10 patentes) que actúa como minibaterías que impulsan la bioelectricidad natural de la piel. Y esto hace que las células se vuelvan más activas y por tanto, produzcan más colágeno y elastina.”
La verdad es que la bioelectricidad existe y tiene un papel importante en la  cicatrización de heridas. Pero como los  estudios afirman “el medicamento transdermal debe ser suministrado con técnicas de energía térmica, ultrasonido, energía de radio frecuencia y electroforesis”. Y está es una de las trampas mas comunes de este gremio, atribuirle a sus “pociones” propiedades de fármacos, hecho que, por un lado está prohibido y por otro es un fraude ya que la única revisión existente sobre el tema habla de que las diferentes formas de uso conllevan la aplicación de microcorrientes. Y que sepamos la cremita en cuestión no lleva ningún aparato de descargas eléctricas incorporado ¿verdad?
Y por cierto no se engañen, también podría estar registrada con cien patentes, o con mil, después de todo para ello solo hay que ir y patentarlo y que nadie lo haya hecho antes claro, pero la oficina de patentes no le va a pedir que les demuestre que su invento sirva para nada.
Aunque el Nobel Magufo de este artículo se lo lleva la “neurocosmética”, que pretende a través de un potingue penetrar hasta los “neuromediadores”, de ahí a los neurotrasmisores y estimular la producción de endorfinas. Ni más ni menos. Lean si no el párrafo siguiente:
La  cosmética sensorial pretende conseguir la eliminación de las arrugas mediante activos que relajan los signos cutáneos y estimulan la felicidad. La ciencia ha comprobado que la piel y el sistema nerviosos están íntimamente relacionados, tal y como asegura el saber popular, y se encuentran en continua interacción a través de unas sustancias que liberan las fibras nerviosas: los neuromediadores…   …El daño producido por cualquier tipo de estrés en el ADN cutáneo causa procesos de inflamación y libera mediadores inflamatorios que, a su vez, dañan también el ADN…
La neurocosmética pretende influir en los neurotransmisores, relajando los centros de dolor y estimulando la producción de endorfinas (hormonas del placer). Sin estrés, es más difícil que aparezca la arruga.
Analicemos algunas de estas frases. “la piel y el sistema nerviosos están íntimamente relacionados”. Si, efectivamente, y es aplicable por igual a cualquier órgano y el sistema nervioso, dado que si no dejaríamos de funcionar… y de ahí saltamos de manera pseudo-científica a que las cremitas funcionan produciéndonos placer al estimular la liberación de endorfinas. Otro nombre parece más adecuado para todo esto: neuro-morro.
Otra frase, “ El daño producido por cualquier tipo de estrés en el ADN cutáneo”. El daño en el ADN, hasta dónde sabemos, se llama sobre todo “mutación” y las consecuencias son bastante peores que el envejecimiento o la inflamación, algo a lo que estamos irremediablemente abocados. Y la fuente principal del daño en el ADN cutáneo y causa de los melanomas es la luz del sol, concretamente en la parte ultravioleta del espectro. Este texto pseudo-científico está mezclando la inflamación (respuesta inmune) con el daño en el ADN (mutación), usando el ADN como palabra clave y de marketing, aunque lo que se esté diciendo carezca de sentido.
Existe otro efecto en el ADN, la metilación, la cual inhibe la expresión de genes concretos y puede estar causada por estrés ambiental, efectivamente. Esta forma de epigenética puede ser o no perjudicial, y de hecho resulta con frecuencia una respuesta beneficiosa del organismo, siendo en gran medida adaptativa y disminuyendo por tanto la mortalidad o el envejecimiento prematuro del organismo. De hecho, existe un nivel óptimo de tasa de metilaciones dónde el riesgo de enfermedades es mínimo. Por tanto, no se puede considerar que la metilación, en sentido general, esté “dañando el ADN” ni que sea en absoluto perjudicial.
Y finalmente, una droga para eliminar el dolor… ¿de verdad nos creemos que eso es un cosmético?
A los próximos 100 estresados que me lleguen a la consulta les voy a embadurnar la cara a ver si se les pasa, esto sí que sería un experimento en toda regla, pero ya les digo de antemano que tengo serias dudas de que funcione más allá del placebo. Sí es verdad que muchos pacientes con patología psicológica presentan sintomatología dermatológica, y que cuando remite el cuadro psicológico mejora el estado de la piel, pero el efecto contrario… no parece plausible. Un cosmético nunca les va a quitar un cuadro ansioso-depresivo (entendiendo cosmético sin drogas de por medio, claro está). Pero el reclamo suena estupendamente cuando se mezclan conceptos como estrés oxidativo, inflamaciones y neurotrasmisores.
Pero ni ADNs, ni impulsos eléctricos, ni neuroleches.
¡Les están tomando el pelo!
Un cosmético según la  legislación española es toda sustancia o preparado destinado a ser puesto en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales, con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto y/o corregir los olores corporales y/o protegerlos o mantenerlos en buen estado. Sin más. Todo lo que pase de ahí debe ser considerado fármaco, y como tal cumplir una severa serie de requisitos.
¿Qué tienen en común la mayoría de estos productos? Primero un marketing brillante, anuncios en los que además de mujeres perfectas vemos laboratorios dignos de la NASA y señores con inconfundible uniforme de científicos, un lenguaje ininteligible para quien no haya estudiado biología molecular o similar y un precio estratosférico, tan estratosférico que puede llegar a los 8000 euros el kilo.
Hace relativamente poco tiempo, en un estudio de comparación de una conocida asociación de consumidores el resultado encontrado fue que el mejor cosmético para la cara era una crema de supermercado. “ Sus limitados efectos hacen que no haya ninguna crema de resultados espectaculares. Lo espectacular es la conclusión: nuestro análisis demuestra que la mejor de las analizadas es una crema que cuesta apenas 3 euros… mientras que otras que cuestan 30 veces más son menos eficaces.” 
De todas maneras no tienen por qué fiarse de mí pero…¿Qué les parecería que lo admitieran directamente desde la industria cosmética? :
“ Ninguna crema es capaz de eliminar las arrugas o la celulitis”. Lo reconoce Carmen Esteban, directora técnica de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), que agrupa en España a las principales marcas del sector. “Podemos reducir su profundidad, mejorar la apariencia de la piel, alisarla, pero nunca desaparecen”, añade. 
 Así que la tecnología IntuiGen -¿no funciona en absoluto? ¿Ni me reproducen las células como promete otra? ¿Tampoco crean proteínas de juventud? ¡Vaya!
La verdad es que, con un mínimo de sentido común, muchas de las afirmaciones publicitarias ya resultaban bastante difíciles de creer. Pero con unas nociones de conocimientos técnicos en muchas ocasiones son directamente desternillantes.
Como afirma Ben Goldacre, el de la cosmética, “ es un sector altamente regulado en el que se puede ganar mucho dinero con las extravagancias y los absurdos, de ahí que hallemos en él a grandes equipos organizados de empresas biotecnológicas internacionales que no dejan de generar pseudociencia, una pseudociencia tan elegante, alienante y sugerente como perfectamente defendible.”
La supuesta investigación de vanguardia esa de la que nos hablan esos señores vestidos indefectiblemente con bata blanca, desde los laboratorios pseudoespaciales, se traduce muchas veces, si leen los asteriscos, en afirmaciones como: “37 mujeres opinan que tienen la piel mejor”. En ocasiones anuncian grandilocuentemente que se han realizado tests, como “test in vitro”, sin más aclaraciones. Otras veces sólo podemos leer “Test clínico”. Bien, si ese test se refiere a la profundidad de las arrugas, valorada con algún tipo de medición, les voy a contar algo que, a lo mejor desconocen, si yo provoco una pequeña inflamación sobre la piel, las arrugas temporalmente aparecerán disminuidas, pero no estoy eliminándolas, estoy inflamando la piel, cosa que, como pueden ver claramente, no es lo mismo.
En ocasiones leemos en el envase: “ testado dermatológicamente” que sólo quiere decir que el producto ha sido evaluado sobre la piel de voluntarios, , pero claro, eso no es sinónimo de que sea eficaz solo significa que no provoca alergias ni irritaciones.
Los miembros de la Academia Española de Dermatología y Veneorología, expertos en cremas afirman:
  Cremas que curan el acné y eliminan las arrugas, las estrías y las cicatrices. ¿Se le puede pedir algo más a un producto cosmético? ……
…….Dichos ‘spots’ osan incluso asegurar que existen “rigurosos estudios científicos” que avalan sus resultados. ¿Es posible realmente conseguir tales efectos? Dermatólogos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) afirman que son ‘exagerados’.
“Tales beneficios no pueden producirse sólo con la administración de una crema”, señala Elia Roo, coordinadora de la Unidad de Estética del Hospital Sur de Alcorcón (Madrid). Y añade: “Puede ser un buen producto hidratante y atenuar las arrugas precisamente por dicha propiedad, pero no las elimina. Tampoco consigue hacer desaparecer las estrías ni las cicatrices completamente; es imposible”.
Como explica la doctora Roo, no hay que olvidar que se trata de un producto cosmético, no terapéutico. Es decir, sólo actúa en la capa superficial de la piel y sus efectos son limitados.
  Además de cuestionarnos la eficacia de aquello por lo que pagamos, está la no menos importante pregunta de cómo podrían llegar a afectarnos alguno de los componentes de estos productos a largo plazo. La antropología forense ha llegado a documentar intoxicaciones, epidemias e incluso muertes por cosméticos en épocas pasadas.
En Japón durante el período Edo, (1603-1868)  los cosméticos blanqueantes faciales se hicieron muy populares. Los ungüentos con los que se empolvaban eran el keifun (cloruro de mercurio) y el empaku (el blanco de plomo) ambos con altas concentraciones de metales tóxicos. El arqueólogo Tamiji Nakashima, de la University of Ocupational and Enviromental Health de Japón encontró evidencias de grave contaminación por plomo entre los niños de las familias samuráis que vivieron en Kitakyushu en el periodo Edo. De hecho la altísima mortalidad infantil entre los miembro de esa casta social, fue uno de los factores que provocaron directamente su desaparición.
A través de  estudios sobre los restos óseos llegaron a la conclusión de que las muertes de los bebés las produjeron los polvos blancos faciales utilizadas por las madres de los niños.
 Esto nos plantea la siguiente cuestión, si cada año, e incluso cada temporada, las marcas cosméticas nos sorprenden con sus “novedosos avances” y “revolucionarios descubrimientos”, teniendo en cuenta el tiempo que requiere una investigación de efectos a largo plazo,¿ No podría algunas de estas novedosas sustancias acabar siendo tóxicas como en el caso de los pobres japoneses? Después de todo afirman “llegar al ADN de la piel”, “modificar su estructura” y “provocar cambios celulares”. Ni más ni menos. Si es mentira, nos están engañando y estafando, y si es verdad, estamos asumiendo algunos riesgos que desconocemos.
Además, estamos hablando de cada uno de los productos en individual, ¿que pasaría si los combinamos todos?Algunos investigadores piensan que puede aparecer el denominado “efecto cocktail”. Según esto los jabones, geles de ducha, champús y otros productos  tendrían una alta concentración de los denominados “disruptores endocrinos” (DE). Unas sustancias químicas que dañan la calidad del esperma y que, por tanto, explicarían el grave aumento de las tasas de infertilidad entre los hombres, según la hipótesis lanzada por un grupo de investigación del Center of Advanced European Studies and Research.
La verdad es que si debemos elegir entre que no nos tomen el pelo o que por alguna extraña combinación de potingues se nos ponga la piel a topos, la opción parece clara. Hay una solución muy, muy fácil: ¿qué tal si nos limitáramos a ducharnos con un jabón normal, hidratarnos con una crema que no prometa nada y protegernos del sol todo el año?. Eficaz, simple… y barato. Y acéptenlo, las autoridades sanitarias advierten que vivir produce arrugas.
Ver página web del ilustrador
El artículo original en este enlace

…

Publicado en el periódico El Tiempo de Colombia, 25 octubre 2014. 

¿Y SI VOLVIÉRAMOS A COMER COMO ANTES?

En su libro Consume y calla, la psicóloga Ana Gutiérrez desenmascara casos de publicidad engañosa

Por Zulma Sierra.

Comer como en tiempos de la abuela. Esto es lo que, en resumen, recomienda la psicóloga y especialista en trastornos de la conducta alimentaria, Ana Isabel Gutiérrez Salegui. Su último libro, Consume y calla, va de frente contra las grandes multinacionales de la alimentación que anuncian productos milagrosos.

‘Sin conservantes’, ‘cero colesterol’, ‘sin grasas’, ‘refuerza tus defensas’… Son frases tan populares como cuestionables, pues según Gutiérrez, “muchos de los estudios que supuestamente avalan las propiedades de estos productos han sido contratados por las mismas empresas”.

“Consume y calla” se apoya en más de 200 referencias de estudios publicados en revistas científicas o avalados por la Agencia Europea de la Seguridad Alimentaria (Efsa), aunque algunas librerías han preferido no exhibirlo para evitar problemas con las grandes marcas citadas en el texto.

¿Estamos ante casos de publicidad engañosa?

Las grandes empresas juegan con sobreentendidos para quedar en el límite de la ley. Las abuelas se compran el yogur con calcio porque tienen los huesos débiles pero nadie les dice que ciertos tipos de pescado, como las sardinas, tienen cien veces más calcio. Tendríamos que elegir de acuerdo a la información y no a la publicidad, porque estamos hablando de salud.

Las madres buscan alimentos con suplementos vitamínicos, ¿también caen en un error?

Hay un montón de alimentos que en sus empaques dicen ‘con hierro y vitaminas A y D’ en letras muy grandes, pero la información nutricional, que es la más importante, viene siempre en letras pequeñas y difíciles de entender. ¿Cuánto azúcar tiene? 36 gramos en un jugo es demasiado para un niño. Tú a lo mejor dices ‘no le voy a dar una gaseosa que contiene mucha azúcar, sino este jugo con vitaminas’, pero no te das cuenta de que tiene la misma o más cantidad de azúcares y solo ocho gramos de fruta.

Pero sí hay productos bajos en azúcares, ¿o no?

Si dice ‘bajo en azúcares’, mira cuántas grasas tiene. Si dice ‘bajo en grasas’, mira cuántos azúcares tiene. Estos mensajes no significan que el producto sea hipocalórico. Siempre hay que irse a la etiqueta. En Europa fracasó una buena iniciativa que consistía en poner un semáforo nutricional en los productos en los que el rojo significaba ‘comer esporádicamente’; amarillo, ‘comer con moderación’; y verde, ‘se puede comer en cualquier momento’. Las empresas invirtieron más de mil millones de euros para que no saliera adelante.

¿Cuál fue el caso que más le impactó de su investigación?

Hay varios, pero yo hablaría de los yogures para bebés. Marcas muy reconocidas sacaron este producto anunciando que contenía leche de continuación. Un estudio independiente determinó que una de las dos marcas no tenía leche de continuación, de manera que estaba mintiendo y además, las dos marcas ponían grandes cantidades de azúcares y grasas en este producto, superando las recomendaciones de la OMS para bebés. Esto es muy grave, porque los sabores los desarrollamos desde bebés, y con tantos azúcares, están fidelizando a sus clientes desde la cuna.

Y desde niños estamos pidiendo los productos más dulces…

¡Claro! Se supone que dentro de algunos códigos de autorregulación comercial está prohibido poner muñequitos y dibujitos en los alimentos para niños, pero las grandes marcas lo siguen haciendo. Para una mamá en un supermercado es difícil decirle ‘no’ al niño o explicarle por qué no puede llevar ese alimento tan llamativo, pero no podemos dejar en un niño de 4 años la decisión de lo que va a comer. La decisión tiene que ser nutricional. Hay un estudio que descubrió que los niños a partir de los dos años son capaces de distinguir las marcas. La publicidad de alimentos para niños debería estar libre de manipulaciones.

¿Qué quiere decir que un producto sea ‘light’?

Que tiene un 30 por ciento menos de calorías que el producto original. No significa que no tenga grasas ni azúcares. Si el original tiene 1.000 calorías, el light tiene 700. Entonces, si te metes cinco refrescos light, a lo mejor te estás metiendo 3.500 calorías, 1.000 por encima de la dieta total diaria de un adulto.

¿Y la gente que dice que adelgaza sin consumir gluten?

Ahora se pusieron de moda las dietas sin gluten porque algunas famosas dicen que funcionan. No es que dejar de comer gluten adelgace, sino que a lo mejor has dejado de consumir determinados hidratos de carbono y por eso bajas de peso. Si tú no tienes ninguna alergia, no te va a hacer daño consumir pan común y corriente.

¿Quiere decir que el pan no engorda?

No. Es perfectamente saludable, lo mismo que la pasta porque no tienen mucha carga calórica. Lo realmente hipercalórico es la grasa y los azúcares refinados.

¿Cuál es el secreto para una buena salud?

Yo diría que es comer lo que cocinaba tu abuela. Normalmente el almuerzo era un plato grande de sopa con mucha legumbre y verdura, y una carne en el seco. Antes se desayunaba muy bien y se cenaba ligero. ¿Y si volviéramos a comer lo mismo que antes? Nos saldría más barato, estaríamos menos preocupados por la imagen y mucho más sanos.

LA PELIGROSA “GORDOFOBIA”

En su libro ‘Consume y calla’, Ana Isabel Gutiérrez Salegui también analiza las dietas milagro.“Es curioso”, dice, “que en las zonas rurales encuentro gente más delgada y fibrosa. Se alimentan de forma natural y hacen ejercicio sin matarse en un gimnasio”. Gutiérrez alerta de que la gente se cuida de no engordar pero nunca de adelgazar demasiado. “Que una niña de 20 años se pueda quedar en un quirófano por una liposucción de una grasa que no le sobraba, es muy grave”. También advierte sobre los falsos delgados; personas que hacen mucho ejercicio pero cuya dieta es tan cuestionable que pueden tener altos niveles de colesterol.

SOBRE LA AUTORA

Ana Isabel Gutiérrez es psicóloga con especialidad clínica, social y del trabajo, por la Universidad de Salamanca. También es autora de ‘Trastornos del comportamiento alimentario: anorexia y bulimia’ (1999).

…

(…) En la mesa también contamos con la intervención de Ana Isabel Gutiérrez. La primera idea que destacó es que si hacemos un computo de los niños y adolescentes que sufren algún tipo de “malnutrición”, que no desnutrición, por malos hábitos alimentarios nos salen unos datos bastantes desesperanzadores.  

Así, señaló, entre los jóvenes el Estudio Enkind (2004) nos sitúa como el cuarto país de Europa en Obesidad infanto-juvenil, con un porcentaje de niños-adolescentes con sobrepeso del 26%. Por otro lado, la prevalencia de T.C.A como la Anorexia, la Bulimia o los T.A.N.E se sitúa en torno a un 3,3% y un 5,5% (Rojo y col 2003, Pelaez, Labrador y Raich 2007). Si incluimos entidades subclínicas y síndromes parciales estas tasas se incrementan en mujeres hasta valores próximos al 15-18% (AVALCAB 2007).


Todos estos cuadros, continuó, están basados en unos malos hábitos, por exceso, por defecto o por conductas anómalas. Igualmente todos ellos tienen y tendrán en el futuro de estos niños repercusiones físicas, psíquicas y sociales. Por ello, y ante el gran coste humano, sanitario y social se impone una política activa de prevención a los tres niveles, primaria, secundaria y terciaria. La prevención dada la edad de los sujetos afectados sólo se puede vertebrar su conseguimos aunar los esfuerzos de los centros sanitarios, educativos y a la familia como encargada principal de la implantación de los hábitos alimentarios. Los conocimientos los poseemos nosotros pero la educación en los hábitos sólo la pueden realizar ellos.

En pocos años, aseguró Ana Isabel, hemos pasado de tener un grave problema con la Anorexia, la Bulimia y los TANE (cuadros atípicos o incompletos) a tener un problema aún mayor con la Bulimia, los TANE y la Obesidad. Es evidente que esto no es sólo un problema de las familias. La escasez de tiempo, la publicidad engañosa sobre alimentación, el vacío legal en la regulación de productos para perder peso, el control relativo que se hace de los comedores escolares, la pérdida de los hábitos familiares unidos al cambio social, y el hecho de que los T.C.A afecta cada vez a edades más tempranas…todo ello implica un cambio en el enfoque de intervención, debemos evolucionar para coordinar la labor Sanidad-Educación, convertir a los tutores y docentes en agentes de Salud y trabajar con las familias en lugar de con el “paciente-niño”.

Por otro lado, dice, se hace imprescindible una regulación en materia de publicidad relacionada con la alimentación y de los productos “adelgazantes”.

En la prevención, afirma, debe participar todo el mundo. Sanidad, escuela, medios de comunicación, sociedad y familias. Todo esto debe realizarse de forma coordinada para no solaparse ni dejar “agujeros”. No se trata de intervenciones puntuales sino de desarrollar un programa eficaz a largo plazo. Hasta ahora la eficacia de la Prevención en T.C.A ha sido cuestionada ya que determinadas intervenciones han encontrado resultados contrarios a los esperados. Cuando se habla de prevenir la aparición de trastornos alimentarios hay que tener en cuenta que hablar de los trastornos en sí no evita que se caiga en ellos. Porque la información no cambia la conducta.

Recordó también que existen proyectos muy buenos en nuestro país, pero incomprensiblemente, que un proyecto tenga resultados positivos no implica que se plantee realizarlo en la comunidad de al lado. “Y eso es un fallo, el “pionerismo” en materia de salud está haciendo mucho daño, si todos trabajáramos en la misma dirección para mejorar las iniciativas existentes y para coordinarnos en lugar de competir podríamos avanzar muchísimo”. 

En Salamanca, destacó, existe el programa desarrollado por el equipo de Marta Manzano García que está desarrollando una intervención en Salud que abarca muchos más campos además de los T.C.A, ese es un ejemplo de programa a imitar e implantar en otros lugares.

Y es que queda un largo camino por recorrer a la profesión enfermera en este ámbito. La primera pieza es la formación específica. Los trastornos alimentarios son muy complejos y su detección e intervención a veces resulta muy, muy difícil. Hay que trabajar con conocimientos específicos y con habilidades propias de la psicología, sin contar con que no trabajamos con un “paciente”, sino con menores y que tenemos que incluir a la familia en la intervención ya que sin ella, bien sea porque hay que enseñarle o porque ellos mismos tienen que cambiar muchas cosas, es inviable. 

Por otro lado, la implantación de la Enfermera en la Escuela sería un avance en el terreno de la Intervención TCA, es un profesional idóneo para coordinar Centro de Salud y Colegio, detectar posibles casos, plantear la derivación a especializada y seguir el control de los menores en tratamiento.

La reseña completa de la mesa redonda la puedes encontrar aquí

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